Bukowski visita a Henry Miller – Charles Bukowski


me había emborrachado un poco aquella noche y ese tipo que me ha publicado un par de libros me dijo:

-Bukowski, ¿quieres ir a ver a L.?

L. era un escritor famoso. llevaba cierto tiempo siendo escritor famoso. obras traducidas a todo, las. mierdas incluso. ayudas, becas, amantes, esposas, premios, novelas, poemas, relatos, cuadros… vive en Europa. se relaciona con los grandes. todo eso.

-no, mierda, no -le dije a Jensen-. su rollo me aburre.

-pero tú dices eso de todo el mundo.

-bueno, es que es verdad.

Jensen se sentó y me miró. a Jensen le gustaba sentarse y mirarme. no podía entender por qué era yo tan tonto. yo era tonto, sí. pero también la luna.

-él quiere conocerte. ha oído hablar de ti.

-¿de veras? yo he oído hablar de él.

-te sorprenderías si supieses cuánta gente ha oído hablar de ti. estuve en casa de N.A.* la otra noche y dijo que quería que fueses a cenar. ella, sabes, conoció a L. en Europa.

-¿de veras?

-y los dos conocieron a Artaud.

-sí, y ella seguramente no se lo daría.

-así es.

-no se lo reprocho, yo no se lo habría dado tampoco.

-hazme un favor. vete a verle.

-¿a Artaud?

-no, a L.

terminé el vaso.

-vamos.

fue largo el viaje en coche desde el barrio miserable donde vivía yo a la residencia de L. y L. tenía toda una residencia. Jensen enfiló el camino de coches y el camino de coches era tan largo como una rampa de salida de una autopista normal.

-¿es éste el tipo que anda siempre aullando POBREZA? -pregunté.

-vamos.

-dicen que debe al gobierno ochenta y cinco grandes en atrasos fiscales.

-pobre diablo.

salimos del coche. era una casa de tres plantas. había un columpio en el porche delantero y una guitarra de doscientos cincuenta dólares encima del columpio. un pastor alemán culigordo apareció corriendo, bufando, espumeando y yo le mantuve a raya con la guitarra, no quiero decir tocándola, quiero decir esgrimiéndola mientras Jensen tocaba el timbre.
una cara amarilla y arrugada abrió una mirilla y dijo:

-¿quién es?

-Bukowski y Jensen.

-¿quién?

-Bukowski y Jensen.

-no les conozco.

el pastor alemán saltó y sus dientes casi me rozan la yugular de pasada. le aticé un buen golpe cuando aterrizó, pero se sacudió un poco y se encogió para volver a saltar, el pelo erizado, mostrándome aquellos sucios dientes amarillos.

-Bukowski escribió ALL THE DAMN TIME, SCREAMING IN THE RAIN. yo soy Hilliard Jensen. NEW MOUNTAIN PRESS.
el pastor lanzó un último gruñido antes de disponerse a saltar, pero él le dijo:

-¡eh, Pupú, estáte quieto!

Pupú se tranquilizó un poco.

-Pupú bonito -dije-.  ¡Pupú bonito!

Pupú me miró sabiendo que mentía. por fin el buen L. abrió la puerta.

-bueno, pasad -dijo.

tiré la guitarra rota en el columpio y entramos. la habitación delantera era como un aparcamiento subterráneo.

-sentaos -dijo L. podía elegir entre tres o cuatro sillas. elegí la más próxima.

-le doy al sistema un año más -dijo L.-. la gente ha despertado. vamos a pegarle fuego a toda esta mierda.

chasqueó los dedos:

-desaparecerá -(chasqueo)- ¡así! ¡una vida nueva y mejor para todos nosotros!

-¿hay algo de beber? -pregunté.

L. tocó un timbrecito que había junto a su silla.

-¡MARLOWE! -gritó.

luego me miró:

-leí su último libro, señor Meade.*

-no, yo soy Bukowski -dije.

se volvió a Jensen.

-entonces tú eres Taylor Meade. ¡Perdona!

-no, no, soy Jensen. Hilliard Jensen. NEW MOUNTAIN.

en ese momento, un japonés, pantalones negros relumbrantes, chaqueta blanca, entró trotando en la habitación, se inclinó sólo un poco, sonriendo, como si algún día fuese a matarnos a todos.

-Marlowe, gilipollas, estos señores quieren beber algo. pregúntales qué quieren y sírvelo en seguida o te doy una zurra.

era curioso, parecía como si hubiesen eliminado de la cara de L. todo dolor. aunque había arrugas, las arrugas parecían, más o menos, arroyuelos, cosidos o pintados encima, o tirados encima. una cara extraña. amarilla. calva, ojos pequeños. una cara insignificante y sin esperanza, a primera vista. pero entonces, cómo podía haber escrito todo aquello? «¡oh, sí, Mac tenía una polla muy grande! ¡nunca se vio polla igual! ¡qué cacho de polla, Dios mío! no había otra igual en la ciudad. era la más grande todo el Oeste del Mississippi. todos hablaban de la polla de Mac. sí, menudo cacho polla tenía Mac…» etc. en cuanto al estilo, L. les había comido el coco a todos, aunque a mí me parecía bastante torpe.

Marlowe volvió con las bebidas y diré algo en favor de Marlowe: las servía abundantes y fuertes. dejó las bebidas y se fue con su trotecillo. vi cómo balanceaba las ancas embutidas en aquellos pantalones ceñidos mientras volvía trotando a la cocina, que era su sitio.

L. parecía ya borracho. vació la mitad de su vaso. era hombre de whisky y agua.

-nunca olvidaré aquel hotel de París. estábamos allí todos. Kaja, Hal Norte, Burroughs… los mayores cerebros literarios de nuestra generación.

-¿cree que eso le ayudó a escribir, señor L.? -pregunté.

era una pregunta estúpida. me miró con dureza, luego me permitió conocer su sonrisa:

-todo me ayuda a escribir.

y seguimos sentados allí, bebiendo y mirándonos. L. tocó otra vez el timbre y Marlowe entró con su trotecillo para iniciar el proceso de reabastecímiento.

-Marlowe -dijo L.- está traduciendo a Edna St. Vincent Millay al japonés.

-maravilloso -dijo Jensen de NEW MOUNTAIN.

no veo nada maravilloso en traducir a Edna St. Vincent Millay al japonés, pensé.

-no veo nada maravilloso en traducir a Edna St. Vincent Millay al japonés -dijo L.

-bueno, Millay está anticuada, pero, ¿qué es lo que le pasa a la poesía moderna? -preguntó el NEW MOUNTAIN.
demasiada juventud, demasiada precipitación y lo dejan demasiado pronto, pensé.

-no tiene cualidades perdurables -dijo el viejo.

no sé. dejamos de hablar todos. en realidad, no nos caíamos bien. Marlowe entraba y salía trotando con bebidas. yo tenía la sensación de estar en una terrible cueva subterránea o en una película sin significado. sólo escenas sin relación. hacia el final, L. se levantó de pronto y abofeteó a Marlowe, fuerte. no entendí lo que significaba aquello. ¿sexo? ¿aburrimiento? ¿juego? Marlowe sonrió y volvió corriendo al coño de Millay.

-no dejo entrar en mi casa a ningún hombre que no sea capaz de soportar toda la sombra y de soportar toda la luz -dijo L.

-oye amigo -le dije-, creo que tienes mucho cuento, nunca me ha gustado tu material.

-y a mí tampoco me ha gustado el tuyo, Meade -dijo el viejo-. todo ese rollo de chuparles el coño a las estrellas de cine. a una estrella de cine puede chuparle el coño cualquiera. vaya cosa.

-puede -dije yo-.  ¡y no soy Meade!

el viejo se levantó y avanzó tambaleante hacia mi silla, aquel viejo traducido a dieciocho idiomas.

-¿quieres pelear o joder? -preguntó.

-quiero joder -dije.

-¡MARLOWE! -gritó L.

Marlowe entró trotando y L. gritó:

-¡BEBIDA!

yo había creído REALMENTE que pediría a M. que se bajase los pantalones para que yo pudiese tener lo que quería, pero no fue así. sólo pude contemplar el bamboleo de las ancas de M. corriendo de vuelta a la cocina.

empezamos las nuevas rondas.

-sí -(chasqueo) dijo L.-. ¡el sistema está liquidado! ¡lo reduciremos a cenizas!

luego, la cabeza del viejo cayó hacia adelante y se quedó traspuesto. estaba liquidado.

-vamos -dijo Jensen.

-espera un momento -dije.

me acerqué al viejo y metí el brazo por la parte de atrás de la mecedora, bajé hacia el culo.

-¿pero qué haces? -preguntó Jensen.

-todo me ayuda a escribir -dije- y este cabrón está cargado.

conseguí al fin coger la cartera y dije:

-¡vamos!

-no deberías hacer eso -dijo Jensen, y nos dirigimos hacia la puerta de salida.

algo agarró mi brazo derecho y me lo torció a la espalda.

-¡dejamos TODOS LOS DINEROS AQUÍ ANTES DE MARCHAR EN HONOR DEL SEÑOR L.! -dijo el traductor de E. S. Millay.

-¡estás rompiéndome el brazo, nipón de mierda!

-¡DEJAMOS TODOS LOS DINEROS AQUÍ!   ¡EN HONOR DEL SEÑOR L.! -gritó.

-¡ATÍZALE, JENSEN! ¡ATÍZALE! ¡QUÍTAME DE ENCIMA A ESTE CABRÓN!

-¡si tu amigo me toca, tu brazo ROTO!

-vale, coge la cartera.  ¡al diablo con ella! me ha llegado un cheque de Grove Press.

él cogió la cartera de L., la tiró al suelo. luego cogió la mía, la tiró al suelo.

-¡eh, eh, un MOMENTO! ¿qué eres tú? ¿qué clase de chiflado eres tú?

-¡DEJAMOS TODOS LOS DINEROS AQUÍ! ¡EN HONOR DEL SEÑOR L.!

-¡es increíble! esto es peor que una casa de putas.

-¡ahora dile a tu amigo que deje caer al suelo la cartera o te rompo el brazo!

Marlowe aumentó ligeramente la presión para indicarme que podía hacerlo.

-¡Jensen!  ¡tu cartera!  ¡TÍRALA!

Jensen tiró su cartera. Marlowe me soltó el brazo. me volví hacia él.  sólo podría utilizar el izquierdo.

-¿Jensen? -pregunté.

Jensen miró a Marlowe.

-no -dijo.

miré al viejo que seguía traspuesto. parecía haber una leve sonrisilla en sus labios.

abrimos la puerta. salimos.

-Pupú bonito -dije.

-Pupú bonito -dijo Jensen.

entramos en el coche.

-¿no quieres que vaya a ver a nadie más esta noche? -pregunté.

-bueno, estaba pensando en Anais Nin.

-deja de pensar. no creo que pudiese tratar con ella.

Jensen sacó el coche de allí. era sólo una cálida noche más del sur de California. pronto llegamos al bulevar Pico y Jensen enfiló hacia el Este. la revolución no llegaría para mí con tanta rapidez.

 

 

•N.A.   y   L.:   Anaís   Nin   y  Henry   Miller,   presumiblemente.   (N.   de los Ts )

•Taylor Meade: actor, poeta, cineasta; célebre personaje neoyorquino vinculado a la Factory de Andy Warhol, en varios de cuyos films ha participado. (N. de los Ts.)

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