El cartero malo / El principio – Rabindranath Tagore


 

 

El cartero malo

Madre, di, ¿por qué estás tan callada y tan triste, sentada ahí, en el suelo?

¿No ves que la lluvia entra por la ventana y que te está mojando?

Oye, el gong está dando las cuatro y hermano tiene que volver ya del colegio.

¿Qué té pasa, di madre; por qué estás tan rara? ¿Es que no has tenido hoy carta de papá?

A todo el pueblo le trajo hoy el cartero una carta, yo lo he visto.

Sólo las cartas de papá se las guarda en un saco para leérselas él.

¡Madre, estoy seguro de que el cartero es muy malo!

…Pero no estés triste por eso, madre. Mira, mañana es la feria del pueblo. Que vaya la criada y compre plumas y papel. Yo mismo te voy a escribir todas las cartas de papá.

Y verás que no encuentras ni una falta.

Te escribiré derechito desde la A hasta la K… ¿Por qué te estás riendo, madre?

¿Tú te crees que yo no sé escribir tan bien como papá?

Ya verás, yo rayaré el papel con una regla, y pondré mucho cuidado, y haré bien grandes las letras.

Y cuando concluya, ¿piensas que voy a ser tonto como papá que echa las cartas en el saco de ese cartero feo?

¡Te la traeré yo mismo al momento y te ayudaré a deletrearla! ¡Ya sé que al cartero no le gusta darte las cartas más buenas!

 

 

El principio

¿De donde venía yo cuando tú me encontraste?- Preguntó el niño a su madre. Ella llorando y riendo le respondió apretándole contra su pecho:

-Estabas escondido en mi corazón, como un anhelo, amor mío: estabas en las muñecas de los juegos de mi infancia, y cuando, cada mañana, formaba yo la imagen de mi Dios con barro, a ti te hacía y te deshacía; estabas en el altar, con el Dios del hogar nuestro, y al adorarlo a Él, te adoraba a ti; estabas en todas mis esperanzas, y en todos mis cariños.Has vivido en mi vida y en la vida de mi madre, tu fuiste creado siglo tras siglo, en el seno del espíritu inmortal que rige nuestra casa.Cuando mi corazón adolescente abría sus hojas, flotabas tú, igual que una fragancia, a su alrededor; tu tierna suavidad florecía luego en mi cuerpo joven como antes de salir el sol la luz en el Oriente. Primer amor del cielo, hermano de la luz del alba, bajaste al mundo en el río de la vida y al fin te paraste en mi corazón… Que misterioso temor me sobrecoge al mirarte a ti, hijo que siendo de todos, te has hecho mío, ¡Y que miedo de perderte! ¡Así, bien apretado contra mi pecho! ¡Ay! ¿Qué poder mágico ha enredado el tesoro del mundo, a estos mis débiles brazos?

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