La traición de Rita Hayworth – Manuel Puig


Manuel Puig

 

Primera parte

I

en casa de los padres de mita, la plata 1933

—El punto cruz hecho con hilo marrón sobre la tela de lino color crudo, por eso te quedó tan lindo el mantel.

—Me dio más trabajo este mantel que el juego de carpetas, que son ocho pares…. si pagaran mejor las labores me convendría tomar una sirvienta con cama y dedicar más tiempo a labores, una vez hecha la clientela ¿no te parece?

—Las labores parece que no cansaran pero después de unas horas se siente la espalda que está un poco dolorida.

—Pero Mita quiere que le haga un cubrecama para la camita del nene, con colores vivos porque tiene poca luz en los dormitorios. Son tres piezas seguidas que dan las tres a un jol con ventanales todos tapados con una tela de toldos que se puede correr.

—Si yo tuviera más tiempo, me haría un cubrecama. ¿Sabes qué es lo que más cansa? Escribir a máquina sobre una mesa alta como la que tengo en la oficina.

—Si yo viviera en esta casa, me sentaría al lado de esta ventana el rato que pudiera dedicarle al cubrecama de Mita, por la luz.

—¿Tiene lindos muebles Mita?

—Mamá tiene esa gran pena de que Mita no pueda aprovechar de esta casa ahora, con todas las comodidades ¿no es cierto?

—Yo tuve el presentimiento cuando a Mita le ofrecieron ese trabajo, me parecía que un año iba a ser interminable, que se fuera por un año, y ahora ya se quedó allá. Hay que conformarse a que se va a quedar allá para siempre.

—Tendría que venir dos veces por año a La Plata, de vacaciones, en vez de una vez.

—Los días se pasan volando, el primer día parece que no, parece que rinde muchísimo, pero después los días se pasan sin darse cuenta.

—Mamá, no creas que yo aprovecho tanto la casa tampoco.

—Me parece que tus chicos se metieron en el gallinero.

—Clara, tendrías que venir todas las tardes con los nenes, no tocan las plantas. Al abuelo lo vuelven loco con los pollos.

—¿A cuánto venden los pollos?

—Cuando le escribas a Mita decile que tenga paciencia con los muebles. Yo tengo miedo de que si compra los muebles se quede en ese pueblo para siempre. Escribile a tu hermana, que está siempre deseando tener noticias.

—¿Usted compró todos nuevos los muebles para esta casa?

—Si la casa hubiese estado terminada cuando Mita se recibió y nos hubiésemos mudado, yo creo que le hubiese dado más pena irse sola a ese pueblo a trabajar.

—¿Es tan feo Coronel Vallejos como dice Mita?

—No, Violeta. A mí me gustó bastante, ¿no es cierto mamá que no es tan feo? Cuando recién llegué al bajar del tren fue una impresión muy fea, porque no hay casas de altos, y parece todo muy chato Es una zona de mucha sequía, así que no se ven muchos árboles. En la estación hay unos cuantos coches con caballos en vez de taxis, y a dos cuadras y media está el centro del pueblo. Hay unos pocos árboles, que se ve que crecen a duras penas, pero lo que no se ve es césped, por ninguna parte. Mita plantó pastito inglés ya dos veces, calculando especialmente el mes de abril, y sin embargo no le creció.

—Pero a fuerza de regar tanto los canteros del patio tiene lindas plantas en una especie de patio chico adonde daa la cocina, el comedorcito diario y la puerta del jol.

—¿Entonces no están feos?

—Cuando recién llegué me pareció feo Vallejos, pero la vida es muy tranquila. Mita tiene una sirvienta que le cocina y le limpia la casa, y la niñera para que le tenga el nene mientras ella está en el hospital. La adoran todos los pobres de Coronel Vallejos porque Mita no les mezquina algodón ni agua oxigenada, ni vendas.

—¿Es un lindo hospital nuevo?

—El farmacéutico que estaba a cargo del laboratorio antes de Mita mezquinaba todo como si todo fuera de él y no del hospital en realidad.

—Vi la última película de Carlos Palau.

—Mita la va a ver cuando la den en Vallejos.

—¿Cuánto tiempo estuvo de novia con Carlos Palau?

—Nunca nos imaginamos que Carlos Palau llegara a triunfar.

—Nunca estuvo de novia con Carlos Palau, él la sacaba a bailar pero yo siempre aguantaba hasta el final del baile para volver con las chicas a casa.

—Él tiraba de las sogas detrás del escenario en el teatrico de la Municipalidad.

—Es el único galán bueno que tiene el cine argentino.

—El marido de Mita es idéntico a Carlos Palau, siempre lo dije.

—Más o menos, tanto como idéntico no.

—Parte de la familia de los Palau todavía vive en el mismo conventillo.

—Pero nunca creí que Mita se acostumbrara a vivir en un pueblo.

—Lo que los pollos se comen primero es las sobras de la comida, primero que el maíz.

—Abuelito ¿cuál es el pollo que vas a matar para el domingo?

—Hoy voy a matar uno para el padre de Violeta, no le digas a la abuela que se enoja.

—Violeta volvió a la cocina con mamá y abuela, ahora no te ven.

—Voy a matar este pollo para el padre de Violeta y se lo mando de sorpresa.

—Abuelito ¿ganas más vos con los pollos o el padre de Violeta remendando muchos zapatos?

—Clara, delante de tu mamá no te podía contar de la oficina. Es un hombre que cuanto más lo tratas más va gustando. Se me declaró.

—¿Cómo podes decir que se te declaró? Eso es cuando un muchacho quiere ponerse de novio, un hombre casado no puede declarársete, lo que te hace es una proposición, Violeta. No me empieces a cambiar las cosas porque entonces es mejor que no me cuentes nada.

—De buen mozo no tiene nada. Tratándolo es que empieza a gustar.

—Si querés bordar un cubrecama la mejor época es ahora que los días se van alargando y después de la oficina te quedaría alguna hora de luz, cansa la mitad si bordas con luz natural, teniendo la suerte de salir tan temprano de la oficina.

—Pobre Adela.

—La pobre en la oficina tiene que usar luz artificial desde la mañana.

—Me tengo que ir sin ver a Adela.

—¿No sabías que trabajaba hasta tan tarde?

—Ahora Adela necesitaría tener un título y no trabajar de oficinista.

—Ahora la que tiene título es la que no lo necesita.

—¿Cómo le van los negocios al marido de Mita?

—Vendió una casa y con eso compró algunos novillos. Mamá quiere que le haga un cubrecama a Mita pero me parece que no voy a poder. Le mando los dibujos de molde a Vallejos y ella se lo puede hacer sola. Ella tiene las dos sirvientas. No digas nada pero papá fue a matar un pollo para que se lo lleves de sorpresa a tu papá.

—A mí me parece injusto que se haya casado en ese pueblo en vez de ayudar a tu mamá después de tantos sacrificios para hacerla estudiar.

—Los anteojos nuevos de Adela son de carey legítimo.

—Perdóneme, no lo ayudo a matar el pollo porque me impresiona, pero papá se lo va a agradecer con toda el alma.

—Mita tampoco quería mirar cuando yo mataba un pollo, pero después se lo comía todo.

—La que más aspaviento hacía era aquella compañera de Mira de la Facultad, la hija del profesor.

—¿Sofía Cabalús?

—¿Se casó?

—Mita debe extrañar en Vallejos la vida que hacía acá.

—Sofía Cabalús no pisó esta casa nunca más después de que se fue Mita. Hace meses y meses que no la veo.

—En la oficina me contaron que el padre está loco de atar, no hace más que faltar a las clases. Y no hacen más que leer. Ustedes no la ven a Sofía porque está siempre en la casa encerrada leyendo.

—No te vayas antes de que llegue Adela.

—Le quiero ver los anteojos nuevos.

—Le costaron casi medio mes de trabajo.

—Esos días que pasó sin anteojos se moría del dolor de cabeza.

—Abuelita ¿por qué Violeta se pinta los ojos de negro?

—Ya empezó a meterse en líos con el jefe nuevo que le pusieron.

—El padre va a estar contento con el pollito. Quién sabe cuánto tiempo hace que no comen pollo.

—A mí me da pena decírselo pero peor es que no le diga nada y que se siga complicando más todavía con ese hombre.

—Pobre madre, si se levantara de la tumba.

—Violeta se dio cuenta de que no le llevamos más los zapatos al padre.

—Cada vez que iba a buscar los zapatos tenía que volverme sin nada. No es posible que prometa que lo hace para el martes y después el martes no están listos, aunque sea un simple taco. Así ha ido perdiendo todos los clientes, por estar pensando en otra cosa.

—No ensayan más a la noche en el local de la Sociedad Italiana, es inútil, la ópera es muy difícil, si las voces no son más que buenas se vuelve un mamarracho.

—Un día lo invita uno, otro día lo invita otro. Tu padre mismo le paga alguna vez alguna copa, no lo quiere contar pero estoy segura de que sí.

—Mita y Sofía Cabalús se tuvieron que ir del ensayo porque se tentaron de la risa.

—¿Qué podría hacer de cena esta noche?

—En el cantero del fondo ya tenés que empezar a cortar la lechuga porque las puntas se están poniendo moraditas.

—Puedo hacer unos bifes con mucha ensalada. Tu padre se puede terminar el puchero del mediodía si no está lleno. ¿Por qué tiene que regalarle un pollo a ese zapatero?

—Al padre de Violeta le escriben de Italia más que a nosotros.

—Es hora de que me vuelva a casa; de cena voy a hacer croquetas, que le gustan a los nenes y Tito las come si se las pongo en la mesa sin decirle nada.

—Yo no sé por qué no va a ver al médico.

—Papá quiero que me mates un pollo para el domingo.

—Yo he comido siempre de todo y nunca he tenido nada.

—Qué hombre más cabeza dura, te crees que todos pueden comer como bueyes como vos, qué cabeza dura.

—Tito tiene el estómago arruinado, a la fuerza tiene que cuidarse.

—Y el hermano es igual, ya se ve que son delicados de estómago, de familia ya vienen así.

—No de familia, fue la cuñada que le terminó de arruinar el estómago a Tito, ya de novio se me quejaba de ias digestiones, yo le preguntaba qué había comido y siempre era lo mismo: comidas fuertes.

—Cuando Tito vivía con el hermano ya se quejaba del estómago.

—Mi cuñada veo que les sigue haciendo esos guisos mal hechos, le da gusto a la comida a fuerza de pimentón, lo único en que piensa es en ponerle pimentón.

—Está siempre en la calle esa mujer, ¿qué tiempo le puede quedar para la cocina?

—Un guiso bien hecho tiene que llevar tiempo, y vigilancia. Vos mamá no sabés cómo ayuda tener plantas de verdura acá en tu casa, porque si no resultan mucho las cosas que hay que tener en cuenta para comprar, toda clase de verduras y condimentos que no sean pesados. No te tiene que faltar albahaca, romero, y montones de perejil. Y ella nunca tiene nada en la despensa, así que a último momento le echa pimentón a la olla y cualquier comida le sale pesada, aunque gaste un dineral en carne sin grasa.

—Mita no sé cómo se arreglará porque Berto tiene un estómago muy delicado también.

—Si come tranquilo digiere cualquier cosa. Dice Mita que es todo nervioso, en realidad Berto no es de estómago delicado como Tito.

—Abuelo fue a llevarle el pollo al padre de Vicleta. ¿Me dejás ir con él, mami?

—Se fue con el delantal gris puesto. Si lo viera Mita que sale a la calle con ese delantal gris se pondría furiosa.

—Clara, el gusto de tu padre es andar con ese delantal.

—Mita no la defendería más a Violeta si supiera lo que dijo de ella.

—Mami, abuelito ya había cruzado la calle, así que no lo pude seguir.

—Pero Adela no podría haber estudiado con la vista tan mala. Acordate del dolor de cabeza que le atacaba.

—Es interminable ese horario, y tiene que trabajar con la luz prendida.

—Quién sabe si Mita se viniera a vivir a La Plata le volvería el entusiasmo por la carrera. El padre de Sofía la podría ayudar para entrar a la Facultad como ayudante de alguno.

—Qué ganas tengo de ver el nenito de Mita.

—No, porque lo que quiere Berto es que Mita no trabaje más, ni bien las cosas de él se le arreglen un poco.

—Estoy rendida del cansancio.

—Violeta se creía que trabajabas de 9 a 6, y se tuvo que ir a hacerle la cena al padre. Te dejó saludos.

—¿Me tenía que decir algo?

—A Clara le empezó a contar de un hombre de la oficina.

—Yo tenía ganas de hablar con Violeta, pobre. El padre se hace la cena solo, quién sabe adonde se fue Violeta.

—Dijo que tenía que ir a hacerle la cena al padre, se fue antes de las siete.

—Mamá, estoy rendida del cansancio ¿qué hiciste esta tarde?

—Yo quería haber limpiado la alfombra de la escalera pero como vino Clara nos sentamos a coser un poco.

—¿La convenciste de que le hiciera el cubrecama a Mita?

—Le va a mandar todos los dibujos. Qué ganas tengo de ver al nenito de Mita.

—Queda muy lindo el mosaico del piso encerado, mientras te esperaba en el zaguán que me abrieras la puerta veía al trasluz que brillaba todo desde el zaguán hasta el fondo del jol.

—Clara tenía razón, pero no la voy a dejar que me lo encere otra vez cuando se vaya el brillo, bastante tiene ella con su casa y los nenes y el marido. Como a él le gustan las croquetas y no puede comer frito, Clara tiene la paciencia de hervirle la carne, la pica y la condimenta con romero y queso y le da un golpe de horno, hasta que las croquetas quedan doradas y parecen croquetas fritas de verdad: le engaña la vista y no le hace mal al estómago.

—Si para el otro sábado hay que encerar, yo te puedo encerar todo a la tarde.

—Violeta no sabía que tenías un horario tan largo.

—Hubo muchísimo trabajo hoy.

—Violeta se quejaba de que tiene la máquina de escribir sobre una mesa alta, y la cansa.

—En la oficina de ella no hay la mitad de trabajo que en la mía.

—Tenía los ojos pintados como una gitana. Se habrá ido a encontrar con el hombre ese.

—Pero si es casado él debe estar cenando en la casa a esta hora.

—Se debe haber encontrado con algún otro.

—¿Qué querés que haga? Si vuelve a la casa lo único que encuentra es al padre.

—Yo a veces pienso si las madres levantaran la cabeza de la tumba.

—Primero hay que barrer, después pasar el trapo así el piso queda bien limpio para recibir la cera. Después vas mojando de cera el trapo, sin empaparlo, y desparramando una capa de cera bien pareja por todo el mosaico. Después se deja secar un poco y ya viene la parte más cansadora, que es sacarle brillo caminando sobre los trapos.

—No hubiese sido así si la madre viviera.

—En verano desde el zaguán no solamente se va a ver el mosaico lustrado del zaguán y el jol, porque estando abiertas las puertas que dan del jol al patio cubierto se va a ver todo el mosaico hasta el fondo del patio cubierto.

—Mita dice que no le da gusto de arreglar la casa que tiene alquilada porque es tan vieja.

—Lo peor es que en Vallejos las plantas cueste tanto hacerlas crecer.

—Es lindo tener esta casa grande pero también es mucho el trabajo que cuesta tenerla limpia.

—Pobre Mita no la pudo aprovechar nunca.

—Fuera del gallinero no quiero que vayas con ese delantal.

—Papá, pone la mesa que estoy muy cansada. Me duele la espalda.

—¿Cuánto hace que no escriben de Italia?

—Vino carta de Mita ayer y nada más. Me gustaría mandarles una foto de la casa a los de Italia.

—¿De qué era el paquete que se llevó Clara? —De pan duro para rallar.

—¿No mandaste ninguna foto a Italia de la casa? Mándales que siempre están deseando tener noticias.

—Yo voy a escribirles aunque ellos no hayan escrito.

—Cuando terminen de cortar la alfalfa van a escribir.

—Mita dice que tiene terror que empiece la primavera en Coronel Vallejos porque es cuando más viento y tierra sopla.

—Adela, escríbele a tu hermana que está siempre deseando tener noticias, ustedes no saben lo que es estar lejos de la familia.

—¿Qué le digo?

—No le digas que salí con el delantal gris. Decile que venga pronto que queremos ver al nene.

—Y muchos saludos a Berto.

—Decile que si vienen a vivir a La Plata pueden vivir con nosotros, que la casa es grande de sobra. Habría que encontrarle algún empleo bueno para Berto.

—No seas cabeza dura, papá. Él ya te dijo que no quiere emplearse.

—Decile que estuviste con Sofía Cabalús, decile una mentira.

—Siempre pienso llamarla por teléfono y después me olvido. La voy a llamar mañana desde la oficina.

—Decile que Sofía Cabalús te dijo que el padre le puede conseguir un empleo en la Facultad, como ayudante de algún otro profesor.

—¿Violeta trajo algún chisme nuevo?

—Se le dio por hablar de Mita, que para qué hizo el sacrificio de estudiar farmacia, que no era lo que quería, si después se casó y ya no piensa ejercer nunca más.

—Le voy a escribir a Mita diciéndole que si está en La Plata, y mejor que mejor si está empleada en la Universidad, puede inscribirse en la Facultad de Letras como quería ella.

—Basta de estudiar, ¿hasta cuándo?

—Papá, no comas más que vas a reventar.

—No le des demasiado pan duro a Clara, que después no me queda para las gallinas.

—Ya rallé un frasco entero de pan rallado para inilanesas, así que todo lo que sobre esta semana lo podes dar a las gallinas.

—Te quejas de que no hay pan y sos vos el que come tanto pan en la mesa que no sé cómo te cabe en el estómago.

—¿Dónde dan la película de Carlos Palau?

—Es estreno, en el Select.

—Cuando la den más barata la quiero ver.

—En la foto del diario está igual a Berto.

—Hoy Violeta no hizo más que criticar a Mita, porque Mita tenía la locura del cine.

—Me parece que Violeta le escribió a Mita y Mita no le contestó. Por eso estaba contra Mita.

—En la última carta Mita puso al final: «esta carta va también para Violeta».

—Violeta quería una carta especial para ella.

—¿Qué dijo?

—Que Mita tenía la manía del cine y que siempre hace su capricho y se casó con Berto que es igual a un artista de cine.

—Si no comes te vas a enfermar.

—De tan cansada es que se me va el hambre. Hoy se me cayeron los anteojos al suelo, casi me muero del susto.

—¿Adónde?

—Por la calle. Si se me rompían otra vez yo creo que me moría.

—¿Cuánto te toca oculista otra vez?

—Me da lástima ir a gastarme la vista al cine, si no iría a verlo a Carlos Palau.

—De perfil sobre todo se parece a Berto.

—Si Mita se consiguiera un empleo en la Facultad podríamos encontranos a la salida de mi oficina. Cuando veo las ventanas de la Biblioteca al pasar no hay vez que no me acuerde de Mita.

—Pensar que después de todas las horas estudiando sus materias todavía tenías ganas de meterse ahí con Sofía.

—A leer más todavía, Mita tiene una vista de hierro.

—A leer novelas.

—Siempre veo que están las mismas caras, hay poca luz en esa Biblioteca. Esas pobres lamparitas colgando del techo están negras de sucias, tienen una pantalla de vidrio como en forma de una pollerita de tul, de vidrio blanco, y están negras de hollín. Con un trapo empapado en aguarrás se podrían limpiar en un minuto, tanto la lamparita como la pantalla, y habría más luz en esa Biblioteca.

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