Isabella, tres carabelas y un charlatán – Darío Fo


Dario-Fo 

 

Personajes:

 

      – Seis niños

      – Seis personas del público

      – Frailes

      – Actor condenado, Colón

      – Verdugo

      – Mensajero

      –   Mujer, pariente del condenado

      – Cinco siervas de la reina

      – Dos sirvientes de la reina

      – Reina Isabella

      – Rey Ferdinando

      – Padre Galeros

      – Seis doctores

      – Quintanilla, tesorero de la Corte

      – Doble de Colón (para los flash-back, o escena retrospectiva)

      – Cuatro marineros

      – Tres heraldos

      – El obispo Fonseca, acusador de Colón

      – Segundo acusador.

      – Pinzón

      – Su hermano

PRIMERA PARTE.

Escena 1: El hereje.

Un grupo de niños está jugando en la platea

NIÑO 1.- ¡Vamos a jugar al escondite!

NIÑO 2.-  Sí, ¿quién se pone debajo?

NIÑO 1.- Que se ponga Marco.

NIÑO 3.- ¿Por qué siempre yo?

NIÑO 4.- ¿Cómo que siempre tú? Si ya estás debajo.

NIÑO 3.- ¡Está bien! Escondeos: yo comienzo a contar. Uno, dos, tres, cuatro…

NIÑO 5.- ¡Hola, muchachos! ¿Le hacemos una broma? ¿Escapamos y no nos dejamos encontrar?

NIÑO 6.-, Vale, nos escapamos (se van hacia la sala colocándose junto a una puerta)

 

Entra en escena por una puerta lateral de la platea una fila de frailes encapuchados y, en mitad de la procesión, el condenado con un cartel en el pecho que pone “HEREJE” y una larga cadena en las muñecas. Todos van al ritmo de una marcha. La procesión se para al lado de un poste. Apilan fajos de leña a los pies del condenado.

 

NIÑO 2.- ¿Pero, dónde estamos? ¿Qué está sucediendo?

NIÑO 4.- ¡Quien  sabe! Lo que es cierto es que aquel pobre hombre no lo está pasando muy bien.

 

NIÑO 5.- Acerquémonos para ver si entendemos algo de lo que está pasando.

CONDENADO.- (lloriqueando) Lo sabía, lo sabía, me han condenado a la hoguera por herejía.

 

NIÑO 6.-  ¿Herejía? ¿Y qué quiere decir?

 

NIÑO 1.- Pregúntaselo a él.

 

CONDENADO.- No lo sé ni yo; solo se que he representado una comedia que no ha gustado a alguien.

 

VERDUGO.- ¡Estás alegre! Dentro de poco tendremos una bonita hoguera. ¡Verás que divertido!

 

CONDENADO.- ¡Pero no puede ser! Era todo una broma. Yo soy un simple actor.

 

NIÑO 2.- Pero señor verdugo, ¿no le parece algo exagerado? A un actor se le suele silbar…

 

NIÑO 4.- Si por eso dan asco, les tiran huevos podridos, tomates… ¡pero condenarlo a la hoguera es un poco demasiado!

VERDUGO.- ¡Silencio, mocosos! y tú también, condenado, ¡silencio! (dirigiéndose a los demás) ¿Alguien lleva fuego?

 

NIÑO 1.- Yo no (busca en los bolsillos); si acaso tendré una honda, (la saca del bolsillo) alguna canica…

 

NIÑO 5.- Yo tengo unas figurillas, una peonza… pero para encender, nada.

 

CONDENADO.- Prueba a hurgar en mis bolsillos. Tendría que ser un fósforo. Pero no tienes que fumar. El humo es malo para la salud.

 

VERDUGO.- (después de haber cogido el fósforo) ¡Verás cuanto mal te va a hacer a tí!

Por otra parte de la sala llega NIÑO 6, que busca sus amigos.

NIÑO 6.- ¿Pero dónde os habéis metido, muchachos, donde estáis? ¿Qué clase de broma estúpida es esta? ¡Salid ya!

 

NIÑO 3.-  ¡Sssh! Están condenando a muerte a un pobre hombre.

 

NIÑO 6.- ¿A muerte? ¿Y que ha hecho?

 

NIÑO 4.- Es un actor: parece que ha representado una comedia que no ha gustado a alguien.

 

NIÑO 5.- ¿A alguien importante?

 

NIÑO 6.- ¿Y no se puede salvar?

 

NIÑO 2.- Podría haber una gracia…

El verdugo hace el gesto de prender fuego a la leña pero es interrumpido por la entrada de un mensajero.

MENSAJERO.- ¡Parad! ¡Parad! Orden del Inquisidor.

 

CORO.- ¡La gracia, la gracia!

 

CONDENADO.- Ya decía yo que todo era una broma.

 

VERDUGO.- (Lee el decreto llevado por el mensajero) ¡Nada de gracia! Aquí hay escrito que si acepta representar una comedia sobre Colón y sobre la reina Isabella…

 

CONDENADO.- (Esperanzado) ¿Salvaré la vida?

 

VERDUGO.-  …en vez de quemarte te cortarán la cabeza.

 

CONDENADO.- ¡Es mi día de suerte!

Mientras el verdugo restituye el pergamino al mensajero, una mujer se acerca al condenado y le habla al oído.

 

MUJER.- Acepta a representar, ganaremos tiempo, tal vez logremos salvarte.

 

CONDENADO.- ¡No! Yo muero… muero del deseo de actuar. ¿Dónde están mis actores?

Entran en escena los actores ya listos para actuar y cantando.

ACTORES:

         Pero ¿a qué esperan para aplaudir

         y poner banderas en los balcones?

         Ha llegado el rey de los charlatanes,

         los auténticos músicos ambulantes en la carroza.

         Venid todos a la plaza dentro de dos horas

         os llenaréis los ojos de palabras,

         la garganta de suspiros de amor

         y el corazón hará 3000 cabriolas.

         Napoleón iba loco por este drama

         y cada tarde con su mamá

         nos venía a escuchar.

         Napoleón de Francia llora todavía y se desespera

         porque una tarde

         nos fuimos sin actuar.

         Ninguna de  vosotras muchachas lloraréis

         si el drama lo veis hasta el final.

         Y si estáis atentas aprenderéis

         a hacer el amor como las reinas.

         y no temáis si la noche está oscura;

         tenemos treinta lunas de cartón,

         con sus linternas de carburo

         que hacen parecer la luna un sol.

         Napoleón francés para vernos de cerca

         vino expresamente al Ticino

         a guerrear contra los alemanes.

         Napoleón, que en prisión estaba en Elba

         se escapó una mañana al alba

         para venir a aplaudirnos.

         Pero ¿a qué esperan para aplaudir

         y poner banderas en los balcones?

         Ha llegado el rey de los charlatanes,

         los auténticos músicos ambulantes en la carroza.

         Veréis a la reina perversa

         enamorada y chiflada  por el ahijado

         dejar fuera tres maridos y una cuñada

         y echar la culpa a otro del hecho abominable.

         Pero ¿a qué esperan para aplaudir

         y poner banderas en los balcones?

         Ha llegado el rey de los charlatanes,

         los auténticos músicos ambulantes en la carroza.

(Nota.- Esto es lo que cantaban al comienzo del teatro de Darío Fo en la TV, en un programa que creo que se llamaba Palcoscenico)

VERDUGO.- ¿Y quien es ése Napoleón  del que van charlando tus saltimbanquis?

 

CONDENADO.- ¿Y como voy a saberlo? No ha nacido todavía. Pero ahora ¡preparémonos!

El condenado sale del palco. Se levanta el telón.

CONDENADO.- (Dirigiéndose al público, ahora de verdad) Queridos espectadores, retrocedamos quinientos años, exactamente al 1486. Estamos en el palacio de la reina Isabella. Sus muchachas la están preparando para el baño.

 

Escena 2: El rey y la reina.

 

Entran las tres siervas de la reina. Mientras cantan ponen a punto la escena: algunas sillas rústicas, un baldaquín, con cortinas hasta el suelo, que se cuelga usando una cuerda. Sentada dentro de una tina o bañera qué parece un trono, entra la reina. Dos sirvientes, con unos andares de caballo de circo ecuestre, empujan la tina sobre unas ruedecillas. La tina, con su real contenido, está cubierta alrededor por unos lienzos que se desplazan al llegar a la escena con unos pasamanos. Dos niñas de 6-13 años que vienen delante a la tina, levantan la cortina. Un muchacho del público, cuando detrás de las cortinas la reina finge desnudarse, intenta mirar de reojo pero lo atrapan de malos modos los dos sirvientes.

SIERVAS:

                                     El joven de Túnez,

                                     negro como una ostra

                                      de ella se enamoró,

                                      tenía los ojos de ónice,

                                      el cuerpo de una estatua,

                                      la mirada de una virgen

                                      pero era tan tímido:

                                      por eso se enamoró

                                      de él se enamoró

                                      Leonora más que cándida,

                                      la infanta de Castilla,

                                      la piel de magnolia,

                                      orejas de concha,

                                      que el joven de Túnez

                                     más negro que una ostra,

                                      viéndola palideció.

UNO DEL PÚBLICO (1).- ¿Pero quien es esa que se baña?

OTRO (2).- La reina Isabella.

 

UNO DEL PÚBLICO (3).- ¿Isabella? ¿Pero esa no era una que se lavaba solo cuando moría algún obispo?

 

OTRO MÁS (4).- Por lo visto  hoy ha debido morir el obispo.

 

OTRO TODAVÍA (5).- ¡Silencio!

Entra Ferdinando con vestiduras reales.

UNO DEL PÚBLICO (6).- Mira: ese es Ferdinando.

 

Ferdinando atraviesa el proscenio con un andar estúpidamente majestuoso, lento, soberbio.

UNO DEL PÚBLICO (1).- ¿Viene a lavarse también él?

 

OTRO MÁS (4).- No, ese se lavaba poquísimo, de veras.

 

OTRO (5).- (Tapándose la nariz) ¡Puaf!  ¡Qué peste!

 

OTRO (3).- Imbécil: es peste real

 

OTRO (2).- ¡Ya, la peste tuya si que es real!

 

OTRO (6).- ¿Queréis dejarla? ¡Hablan el rey y la reina!

 

Risotadas; le  hacen callar los demás espectadores.

FERDINANDO.- ¿Otro baño más?

 

ISABELLA.- ¿Porque?

 

FERDINANDO.- ¿Cómo que por qué? Es el segundo en un mes. Si la gente se entera de que te lavas tanto como las mujeres árabes…

 

ISABELLA.- Es una costumbre civilizada, me parece.

 

FERDINANDO.- Sí, pero no es católica.

 

ISABELLA.- ¡Bonito modo de razonar! Me has fastidiado, ¡Basta ya!

Entra una sierva.

SIERVA.- Señora, está aquí el padre Galeros con aquel genovés.

 

ISABELLA.- Ah, sí… Diles que vuelven dentro de media hora… o mejor mañana…hoy no quiero…no tengo tiempo…

La sierva hace una reverencia y sale.

FERDINANDO.- ¿Pero cómo? Si hoy no tienes ningún compromiso

 

ISABELLA.- Ciertamente, es solo una excusa. ¿Cómo los recibo? ¿Qué me pongo encima? Si hace más de un año que no me hago un vestido. (Las frases “siempre arreglarse”” y “la esposa del rey” las repite al unísono también Ferdinando que conoce de memoria las quejas de la esposa). Me tengo que arreglar, siempre arreglarse. A pesar de todo soy la esposa del rey.

Las muchachas envuelven a la reina en una sábana. Entra la sierva de antes: ofrece una carta a la reina.

SIERVA.- Señora, me la ha entregado el fraile de antes.

ISABELLA.- (Después de haber leído la carta) Es una recomendación de tu amigo, el Duque de Medina. No lo recibo, no soporto las recomendaciones.

FERDINANDO.- Pero… querida… la carta va dirigida también a mí… ¡y ni siquiera me las has dejado ver!

 

ISABELLA.- Pero, querido, yo lo hago por tí, ya sabes que el pensar te fatiga demasiado…

 

FERDINANDO.- Ah, no. ¡Ya basta!

 

ISABELLA.- Pues sí, querido, basta, basta, ven aquí con tu Isabellina que hagamos las paces…

 

FERDINANDO.- No.

 

ISABELLA.- Ven, o no te daré caprichos.

 

FERDINANDO.- No.

 

ISABELLA.- Ven con tu Isabellina.

 

FERDINANDO.- No.

 

ISABELLA.- ¡Ven aquí enseguida!!

Ferdinando obedece mansamente.

ISABELLA.-Toma (Le da una patada)

 

FERDINANDO.- ¡Pero ahora me tratas a patadas, delante de las muchachas! ¡Estás loca!

 

ISABELLA.- Ya, estoy loca porque no me dejo pisar…

Escena 3: Colón y la reina.

Se oye un grito procedente del exterior. Entra Colón y el fraile sosteniendo a una de las siervas.

COLÓN.- Perdonad Majestad, la muchacha está mal… os saludamos respetuosamente…

 

NIÑO 1.- ¿Pero que hacen? ¡No es momento de reverencias!

ISABELLA.- Hazla  tender (Unen algunas sillas de modo que pueden tender a la muchacha). ¿Qué le ha sucedido? Hace poco estaba bien.

FERDINANDO.- ¿No tendrá el diablo en cuerpo por casualidad?

 

ISABELLA.- ¿Quieres callar, querido? ¿No será epilepsia?

 

NIÑO 2.-  Epi…¿qué?

 

NIÑO 3.- Epilepsia: es una enfermedad del sistema nervioso.

 

NIÑO 2.- Pues yo soy nervioso y no me desmayo.

 

NIÑO 1.- ¿Quieres estar en silencio? Ahora piensa Colón.

 

COLÓN.- Hacen falta dos bolsas: una de agua caliente y otra de agua fría.

Una muchacha sale para buscarlas.

COLÓN.- ¿Padre, quiere hacer el favor de ir un momento abajo? En las alforjas del mulo hay una caja con unos botellines. ¿Me los puede subir?

 

FRAILE.- (Da unos pasos, pero luego se detiene dudoso) Caray, es que ese mulo cocea… Y no quiero que me de una coz en la barriga…

 

COLÓN.- Y vosotras acercaos un poco.

 

FRAILE.- ¡La verdad! Vos sois un genio. Con permiso (se inclina ante Isabella).

El fraile sale. Vuelve la muchacha con las dos bolsas en una bandeja.

 

SIERVA 2.- Aquí está la bolsa con el agua caliente.

 

COLÓN.- (La toma)  Bien: ahora es necesario…

 

SIERVA 2.- ¡Atento que quema!

 

COLÓN.- ¡Ay, ay, madre mía!

Pasa la bolsa a una muchacha. La bolsa pasa de mano en mano hasta Isabella.

 

ISABELLA.- ¡Pero si está fría!

 

SIERVA 2.- ¡Ah, ya: claro, aquella era la bolsa fría, ésta es la caliente.

 

COLÓN.- Muy bien. Dámelas a mí.

 

SIERVA 2.- ¡Atento que quema!

 

COLÓN.- ¿Quema?

 

SIERVA 2.- Quema.

 

COLÓN.- ¡Ay! (Pone la bolsa sobre el vientre de la muchacha que se pone a gritar) ¿Quema? Lo sé, no hay necesidad de gritar.

Pone la bolsa del agua fría sobre la frente de la muchacha. Entra el fraile con un botellín, friccionándose el pecho.

FRAILE.- Aquí está. ¿Es ésta?

 

COLÓN.- Sí, gracias. ¿Os importa sujetar un poco a la muchacha?

 

ISABELLA.- Dádmelas a mí. ¡Una silla para el padre!

 

FRAILE.- No, no gracias. No puedo sentarme.

 

ISABELLA.- ¿No podéis sentaros? ¿Por qué?

 

FRAILE.- Los mulos no me han respetado.

Isabella agarra el botellín, lo destapa y lo pone debajo de la nariz de la muchacha enferma.

COLÓN.- No demasiado cerca de la nariz: hace estornudar.

 

ISABELLA.- (Huele a su vez) ¿Hace estornudar? ¡Atchis…! ¡Caray! (La reina está a punto de estornudar otra vez, pero una sierva estornuda por ella). Gracias, querida…

 

SIERVA 2.- No hay de que, Majestad.

 

FERDINANDO.- A mí, a mí (Toma el botellín) me gusta mucho estornudar. (Husmea, empieza el estornudo, luego se interrumpe preocupado) ¿No será pecado, padre?

FRAILE.- No sé, pero no creo.

 

COLÓN.- El estornudo nos libra de todos los malos humores que tenemos en el cuerpo.

 

FRAILE.- Y, después, también del demonio.

 

NIÑO 1.- A mí me parece que están todos uno poco sonados: Colón, el rey, la reina…

 

NIÑO 2.- ¿No lo entiendes? Así Colón consigue hacerse recibir por Isabella.

 

NIÑO 1.- ¡Genial!

 

NIÑO 3.- ¿Que te crees? Desde luego, no ha venido desde Génova para no hacerse recibir por una reina caprichosa.

 

NIÑO 1.- Que listo este Colón. ¡Viva Cristóbal, que con sus trucos engaña a la reina de España y descubre América!

 

NIÑO 3.- ¡Eh!, que no es así de simple: vas un poco adelantado.

Colón hace husmear también al fraile, husmea también él y pasa el frasco pequeño a Isabella, que husmea con sus siervas. Los estornudos salen a coro y hacen moverse rítmicamente alternados hasta ponerse el at…at…at…, que precede al estornudo, un canto a tres voces de tipo religioso.

SIERVA1.- (Recobrándose) Mamá, ¿que sucede?

 

ISABELLA.- ¿Te has despertado? ¿Estás bien?

 

SIERVA 1.- Ciertamente, Majestad. ¿Pero qué es lo que me ha pasado?

 

ISABELLA.- Te has desmayado querida y luego te ha curado este señor italiano, me parece. (Vuelta hacia Colón) ¿De donde habéis dicho que venís?

 

COLÓN.- La verdad es que no se lo he dicho todavía Majestad: vengo de Génova.

 

ISABELLA.-  ¡Precisamente! (Vuelta hacia la sierva 1) Os ha sanado éste hábil y experto médico de Génova. Porque, ¿vos sois médico?

La muchacha sale fuera acompañada de las otras siervas. Ferdinando y el fraile salen cuchicheando.

COLÓN.- No, Majestad, soy solo un marinero.

 

ISABELLA.- ¿Ah, vos sois Cristóbal Colón, aquel genovés que ha solicitado hablarme?

 

COLÓN.- Sí, señora. Si me permitís, estoy aquí porque he tenido una gran idea.

 

ISABELLA.- ¿Qué idea?

 

COLÓN.- ¡Llegar a las Indias navegando hacia occidente!

CORO:

         Feliz Colón cuenta,

         embelesa a Isabella, la encanta:

         ya se siente en el mar con él.

         Una ola, y otra que  avanza:

         en torno gira la estancia.

         ¡Oh, Colón, explícanos

         por qué el fondo del mar

         boca abajo no  se despega

         y la gente no se cae!

Escena 4: El interrogatorio de los doctores.

Mientras el coro canta, los actores preparan la escena. Sobre una silla alta para niños está la reina. Los doctores están sobre las sillas. Unos de ellos interrogan a Colón. Un sirviente está detrás llevando un paraguas abierto sobre una larga caña de pescar.

PRIMER DOCTOR.- ¿Vos negáis, por lo tanto, ser un pirata?

 

COLÓN.- ¿Yo? No, no lo niego. He sido pirata a servicio del Angiò.

 

SEGUNDO DOCTOR.- ¿Y no habéis estado también al servicio de los franceses?

 

COLÓN.- (Cruzando los dedos por detrás) ¡Eso no. Nunca!  ¡Lo juro!

 

TERCER DOCTOR.- Sin embargo, el 13 de agosto de 1476 habéis sido visto sobre el navío corsario que agredió a un galeón genovés que llevaba 5.000 pollos vivos.

 

COLÓN.- ¡Es una mentira! Yo no estaba con los corsarios, sino sobre el navío agredido.

 

CUARTO DOCTOR.- Seguro, él estaba con las gallinas, en calidad de capón.

Todos los doctores ríen. La risotada se transforma en cloquear. Colón se une a ellos imitando la gallina y haciéndoles también el coro.

 

NIÑO 1.- ¿Qué pasa?! Éste será también doctor, pero a mi parece (se lleva el dedo índice a la sien) que están un poco locos

NIÑO 2.- ¡Más que locos, me parecen un poco… pollos!

ISABELLA.- ¡Señores, compórtense por favor!

Todos dejan de reír. Llevan a escena un mapa.

QUINTO DOCTOR.- Estamos de acuerdo en que la Tierra tiene forma de esfera, pero los antiguos textos dicen que, tras el horizonte del mar de occidente…

 

CORO DE DOCTORES.- Que se llama océano…

 

SEXTO DOCTOR.- …se abren profundos abismos y remolinos monstruosos…

 

QUINTO DOCTOR.- …y mares de pez caliente…

 

CUARTO DOCTOR.- …y espantosos cráteres que escupen espumas de lava.

Jadear de todo el coro.

CUARTO DOCTOR.- Espuma que hincha inmensos balones, que de repente estallan…

 

CORO DE DOCTORES.- ¡Buum!

 

QUINTO DOCTOR.-…y destruyen todos los navíos.

 

COLÓN.- Si me permitís… Yo he llegado a ver ese mar hasta Islandia…

 

CORO DE DOCTORES.- ¿Y qué habéis visto?

 

COLÓN.- He visto a los “unípedos”.

 

ISABELLA.- ¿Los “unípedos”? ¿Y quienes son?

 

COLÓN.- Son hombres que caminan con un pie y una pierna sola.

 

PRIMER DOCTOR.- ¿Y como lo hacen?

 

COLÓN.- (Dándole un pisotón a uno en el pie) ¡Así! (El otro da un grito y comienza a brincar sobre un pie solo)… Vedlo aquí, perfecto… Gracias.

Todos ríen.

Entra en escena la mujer del comienzo del espectáculo.

 

CONDENADO.- ¡Hola! ¿Se sabe algo de mí?

 

MUJER.- Quizá. Hemos pedido audiencia al rey en persona.

Colón se vuelve hacia el doctor.

 

COLÓN.-En esas tierras he visto también a los “nasidi”. Hombres con enormes narices, que para sonarse tenían que llevar enormes sábanas de cama de matrimonio.

 

ISABELLA.- ¡Oh, no! ¡Que repugnancia! ¡Para ya! No habléis más de narices.

NIÑO 3.- ¿Pero estáis seguros de que éste es verdaderamente Colón, el gran navegante? A mi me parece que está un poco sonado también él.

 

NIÑO 1.- De verdad: ¿qué es esta historia de los unípedos? ¿y los nasidi, de donde salen? Éste es Cristóbal Colón o… ¿el teniente Colom… bo?

 

NIÑO 2.- ¿Pero es que no se dan cuenta de que Colón se está mofando de éstos presumidos sabihondos, que en realidad son unos bobalicones?

 

NIÑO 3.- ¿Tú qué dices?

 

NIÑO 2.- Cierto: ellos que se creen tan inteligentes y él se divierte tomándoles por la nariz.

NIÑO 1.- ¿Por la nariz? ¿Son de los “nasidi” también ellos?

 

NIÑO 2.- Es que no entiendes nunca nada. Tomar por la nariz es un modo de hablar; significa tomar el pelo, justamente a los presuntuosos que no quieren escuchar a quien sabe más que ellos.

COLÓN.-  ¿Me permiten hablar de golondrinas?

Los doctores se consultan.

SEGUNDO DOCTOR.- ¿Golondrinas con nariz?

 

COLÓN.- No. Sin nariz.

 

CORO DE DOCTORES.-  Concedido.

 

COLÓN.- He visto a las golondrinas en otoño partir de Palos y volar hacia occidente, allí donde vosotros creéis que solo hay llamas y volcanes. Hasta allí han ido las golondrinas y esas mismas golondrinas han vuelto en primavera. ¿Cómo han podido superar tal infierno?

 

CORO DE DOCTORES.- ¿Cómo? ¿Cómo?

 

COLÓN.- Bueno, en realidad hacia occidente hay un mar totalmente idéntico al nuestro. Bastará atravesarlo para llegar a las Indias.

 

TERCER DOCTOR.- ¡Esto es inaudito! ¡Vos sois un charlatán! No se puede arriesgar la vida de nuestros marineros para una empresa imposible.

ISABELLA.- ¿Cómo es eso, si no os preocupan las vidas de nuestros marineros cuando los mandamos contra los sarracenos?

 

CUARTO DOCTOR.- Pero… Majestad… ¡esa es una guerra santa!

 

ISABELLA.- También encontrar un camino para las Indias es una guerra santa para España, así que si no hallamos una ruta comercial estamos perdidos. Que llamen al tesorero Quintanilla.

 

QUINTANILLA.- Ciertamente, Majestad.

 

ISABELLA.- ¿Pues qué hacíais detrás de aquella puerta?

 

QUINTANILLA.- Oh, nada, escuchaba furtivamente.

 

ISABELLA.-  Ah, entonces sabréis ya todo.

 

QUINTANILLA.- Sí, desde aquella puerta os he oído bien.

 

ISABELLA.- Bien, entonces poneos de acuerdo con Colón. Hacedle un contrato.

 

COLÓN.- ¡Gracias reina de los católicos, que Alá os bendiga!     He aquí mis peticiones.

Durante su diálogo Colón y Quintanilla alternativamente se sientan distraídamente sobre las piernas del doctor que emite gritos de susto.

COLÓN.- Cuando alcance la costa de las Indias quiero tener unas espuelas de oro.

 

QUINTANILLA.- (Tomando apuntes en su libro de contabilidad) Vendo la corona de la reina…

Isabella le echa una mirada torva.

QUINTANILLA.- (Corrigiendo) …vendo la corona del rey.

 

COLÓN.- Me daréis el título de caballero.

 

QUINTANILLA.- …vendo los caballos…

 

COLÓN.- Me concederéis el título de almirante.

 

QUINTANILLA.- Será necesario vender algún navío…

 

COLÓN.- Quiero el quince por ciento sobre la venta de todos los esclavos que os traeré. Para los esclavos averiados no se aceptarán reclamaciones ni quejas.

Colón va a sentarse sobre una silla dejada vacía por uno de los doctores, después de asegurarse que nadie va a ocuparla. Se levanta gritando porque está obsesionado con la idea de que no hay ninguna silla libre. Luego recoge algo pequeño de la silla.

COLÓN.- Un doctor, pequeño, pequeñito.

 

QUINTANILLA.- ¿Dónde?

 

COLÓN.- ¡Aquí está, que doctor tan pequeño! (Lo mira con más atención) ¡ah, no, es un escarabajo! (Lo desecha).

 

ISABELLA.- ¡Dad la orden de que se prepare el viaje para Colón!

 

Entran algunos actores con trajes de marinero transportando en escena una silueta de navío. Colón alcanza a los marineros detrás del navío, también él cantando. Delante desfilan danzando Isabella, Quintanilla y tres doctores.

CORO:

                                     Cristóbal Colón con dos caras de bronce

                                      Echando tantas mentiras

                                      obtuvo las tres carabelas,

                                      pero cuantas burlas sufrió

                                      antes de conseguirlo.

                                      Primero, discutiendo de grados y meridianos,

                                      fue tratado como si fuese un charlatán,

                                      pero apenas se decidió a echar unas mentiras

                                      se abrieron las puertas, y volaron los sombreros.

Así hizo verdadera esta moral:

si tú quieres adquirir confianza del hombre

no tienes que tener escrúpulos, tienes que estafar,

porque, viviendo de la estafa,

no se distingue el perfume del hedor,

el verdadero del falso, el forraje de las flores,

viviendo gris no se ven colores.

Pero prueba a proponerle hacer dineros:

te lame también los pies, te hace miles reverencias.

                                      Cristóbal Colón con dos caras de bronce

                                      echando alguna mentira

                                      obtuvo las tres carabelas

                                      y al fin para la India zarpó.

                                      pero ya se sabe que quien enreda, a su vez es enredado:

                                      buscaba las Indias y  América encontró.

Se baja el telón.

 

 

SEGUNDO ACTO.

Escena 5: Los viajes de Colón.

Se levanta el telón, entran tres heraldos con los tambores y Colón seguido de algunos marineros.

PRIMER HERALDO.- ¡Colón ha vuelto! (dos golpes de tambor)

Ha traído loros y diez esclavos con plumas de pájaro, nada de oro. (dos golpes)

El rey lo nombra gran almirante del océano. (dos golpes)

 

CORO.- ¡Gloria, gloria a Colón!.

El cortejo da una vuelta por el escenario. Mientras tanto pasa un año y Colón vuelve de un segundo viaje.

SEGUNDO HERALDO.- ¡Colón ha vuelto de su segundo viaje! (dos golpes)

         Ha traído muchos monos y esclavos pintados, pero nada  de oro. (dos golpes)

         Es almirante por designio del rey y Virrey del Nuevo Mundo. (dos golpes)

CORO.- ¡Viva, viva Colón!

Otra vuelta por el escenario, pasan otros años. Ésta vez Colón aparece encadenado.

TERCER HERALDO.- ¡Colón ha vuelto del tercer viaje a las Antillas! (dos golpes)

Sus navíos están llenos de oro, una parte es suya. (dos golpes)

El rey le acusa de traición. (dos golpes)

 

CORO.- ¡Abajo, abajo Colón!

 

LOS TRES HERALDOS.- Colón es procesado. (dos golpes)

Mientras se prepara la escena, entran dos acusadores, el obispo Fonseca y el rey. La acostumbrada mujer se  acerca al actor que personifica a  Colón.

MUJER.- ¡Hola! ¿Cómo va esa moral? El rey ha recibido la súplica, falta solo la firma del Inquisidor.

CONDENADO.- ¡Bien, bien por la miseria!

La escena está lista, el obispo Fonseca se levanta.

FONSECA.- ¿Qué tenéis que decir en vuestra defensa? ¿Cómo es eso de que vuestros hombres se han amotinado?

COLÓN.- ¡Es culpa ellos!  ¡Soy inocente!

 

FONSECA.- He aquí lo que nos han contado… (Golpe de platillos).

Traen a la escena el navío. Colón y sus marineros se colocan delante del navío como en un cuadro viviente por unos instantes. Un sonido de platillos anunciará el comienzo y el fin de una serie de flash-back (escenas retrospectivas)

COLÓN.- Mirad, un pájaro de tierra. Así que estar tranquilos: mañana avistaremos las Indias.

 

PRIMER MARINERO.- Yo no veo un pijo..

 

COLÓN.- ¿Un pijo? ¿Qué modo de hablar es ése?

 

PRIMER MARINERO.- Escucha, genovés charlatán, yo hablo como me da la gana. Yo estaba en la cárcel, tranquilo, amaestrando mis piojos y tú, con tus promesas…

 

SEGUNDO MARINERO.- ¡Tiene razón, nos has jodido! Ya hace más de un mes que nos dices: “Mañana llegaremos”, pero aquí no se ve un pijo.

COLÓN.- ¿Otro pijo? Moderad los términos y tened paciencia.

Golpe de platillo y congelamiento de los actores.

COLÓN.- ¡No es verdad! ¡Son unos embusteros!

 

SEGUNDO ACUSADOR.- Calma, oigamos lo que dicen el capitán Pinzón y su hermano.

Entra Pinzón con su hermano.

PINZÓN.- Mi hermano y yo, que mandaba la Pinta, al conocer la tentativa de amotinamiento, alcanzamos el buque del almirante.

 

HERMANO.- …ante.

Pinzon y el hermano con Colón preparan un cuadro viviente sobre el navío.

 

PINZÓN.- ¿Qué ha sucedido?

 

HERMANO.- …¿dido?

 

COLÓN.- Nada…nada…una tentativa de amotinamiento.

 

PINZÓN.- ¡Le haremos ahorcar!

 

HERMANO.- …¡orcar!

 

COLÓN.- Bueno, no exageremos. Tal vez ellos tengan algo de razón. Teníamos que haber llegado ya hace cuatro días. Si mañana por la mañana no avistamos tierra retrocederemos.

 

PINZON Y EL HERMANO.- ¡Por Castilla! ¡Nunca! o se vuelve con la victoria o no se vuelve.

Golpe de platillo y congelamiento. Colón se vuelve hacia el rey y los acusadores.

COLÓN.- ¡Es todo una mentira! Aquí se me quiere hacer pasar por un cobarde.

 

FERDINANDO.- ¡Adelante!

Golpe de platillos. Pinzón y el hermano llevan a los dos marineros rebeldes delante de Colón.

 

PINZÓN.- ¿Son éstos los rebeldes?

 

HERMANO.- …¿beldes?

 

COLÓN.- ¡Sí son ellos y otros cinco que me han golpeado!

 

PRIMER MARINERO.- Espía, espía, no eres hijo de Maria.

 

COLÓN.- Este es, es él quien encabeza la insurrección.

 

PINZÓN.- ¡Que los ahorquen!

 

HERMANO.-…¡orquen!

 

SEGUNDO MARINERO.- ¿Quieren matarnos sin confesión?

 

PRIMER MARINERO.- Yo no he hecho la primera comunión.

 

COLÓN.- (Levantando los ojos y las manos al cielo) ¡Oh Señor que en tu misericordia perdonas todos los pecados. No perdones a este par de apestados que te enviamos. Son dos carroñas y merecen un buen castigo! Amén.

Golpe de platillo y congelamiento.

COLÓN.- ¡No es verdad! Nunca ha sido ahorcado nadie en mi navío. Yo siempre he sido bueno con mis marineros: me llamaban papá.

Golpe de platillos

TERCER MARINERO.- Papá.

COLÓN.- ¿Qué quieres hijo mío?

 

TERCER MARINERO.- Tengo hambre

 

COLÓN.- Muy bien pequeño, ¿Qué quieres? ¿Pescadito frito?

 

CUARTO MARINERO.- ¡Basta! Estamos hartos de pescado.

 

TERCER MARINERO.- Queremos carne.

 

COLÓN.- Lo siento, pero los ratones del navío la terminaron el jueves.

 

PINZÓN.- Mentiroso. La guarda toda para él.

 

HERMANO.- …para él.

 

COLÓN.- (Llorando) Ingratos, precisamente yo que a escondidas os he distribuido también mis raciones de comida.

 

TODOS LOS MARINEROS.- ¡Ooooh!

 

PINZÓN.- ¡Se quitaba el pan de la boca para dárnoslo a nosotros!

 

HERMANO.- …¡a nosotros!

 

TODOS LOS MARINEROS.- ¡Que hombre!

 

COLÓN.- Bueno, sí…

 

TODOS LOS MARINEROS.- ¡Es un santo!

Golpe de platillo y congelamiento.

 

CUARTO MARINERO.- ¡Basta ya de decir embustes. Mentiroso y ladrón, que no eres otra cosa.

 

TERCER MARINERO.- Si, es un ladrón: me ha robado el premio que había prometido la reina a quien primero avistase tierra.

Golpe de platillos.

TERCER MARINERO.- ¡Tierra! ¡Tierra!

COLÓN.- ¡Bravo! Ya era hora que alguien se diera cuenta. Desde ayer ya la había avistado yo.

 

TERCER MARINERO.- ¿Y entonces porque no lo has dicho?

 

COLÓN.- Os quería dar alguna satisfacción también a vosotros.

 

TERCER MARINERO.- Gracias. Entonces me pertenece el premio.

 

COLÓN.- ¿Qué? ¿Pero cómo? Ya te he dado la satisfacción de gritar “Tierra, tierra”, ¿También quieres el premio?

Golpe de platillo y congelamiento.

TERCER MARINERO.- Y así el premio se lo ha quedado él.

 

SEGUNDO ACUSADOR.- Colón, ¿no os avergonzáis? ¿Qué tenéis que decir en vuestra defensa?

 

COLÓN.- (Empieza una charla en un misterioso lenguaje, con gestos que expresan  desesperación, rabia, conmoción, estar fuera de sí…)

FONSECA.- ¿Pero qué decís?

 

COLÓN.-Cosas que no os conciernen.

 

SEGUNDO ACUSADOR.- No perdamos el tiempo, Colón, os acusamos también de haber obligado a vuestros hombres a jurar en falso.

Golpe de platillos.

COLÓN.- ¡Mis queridos pestilentes! Agradezcamos al Padre Eterno lo que hemos conseguido. Dentro de pocos días estaremos en casa. ¿Pero, que nos dirán cuando volvamos? Hemos llevado solo loros y monos. Entonces, haremos una cosa: usaremos las pocas joyas encontradas para adornar a uno de los salvajes. (Dirigiéndose a un marinero) Hazme de maniquí.

 Lo adorna con joyas y un sombrero de plumas.

COLÓN.- ¿Juráis decir que todos en las Indias van adornados así?

 

CORO DE LOS MARINEROS.- (Con dejadez) Juramos.

 

COLÓN.- ¡Juráis en serio! ¡El juramento es una cosa sagrada!

 

CORO DE LOS MARINEROS.- ¡Juramos!

 

Golpe de platillo, congelamiento, los marineros salen de escena llevando fuera el navío.

 

 

Escena 6: El fin del proceso.

FERDINANDO.- Colón, las acusaciones son graves.

 

COLÓN.- Graves… digamos un poco cargantes… eso es.

 

FERDINANDO.-  Primera acusación: cobardía.

 

FONSECA.- Queríais abandonar la empresa.

 

SEGUNDO ACUSADOR.-  …doce años de cárcel…

El segundo acusador lleva la cuenta de los años de cárcel sobre una pizarra.

FONSECA.-  Y después de solo veinte días de navegación…

 

SEGUNDO ACUSADOR.- …entonces catorce años…

 

FERDINANDO.- Segunda acusación: brutalidad con la tripulación.

 

FONSECA.-  Habéis hecho ahorcar a siete de vuestros marineros.

 

SEGUNDO ACUSADOR.- …siete por cuatro…

 

COLÓN.- Veintiocho.

 

SEGUNDO ACUSADOR.-  Gracias…veintiocho de años de cárcel…

 

COLÓN.- ¿Cómo? ¿Veintiocho años de cárcel por aquellos siete marineros? Pero si eran todos pequeños… los siete enanitos…

 

FERDINANDO.- Es justo, quitadle algún año.

 

SEGUNDO ACUSADOR.- Bien, entonces veinticuatro…

 

FERDINANDO.- Tercera acusación: abuso de poder.

 

FONSECA.- Habéis forzado a los marineros a jurar en falso.

 

SEGUNDO ACUSADOR.- Seis años…

 

FONSECA.- ¡Robo!

 

SEGUNDO ACUSADOR.- ¡Dos!

 

FONSECA.- ¡Homicidio!

SEGUNDO ACUSADOR.- ¡Once!

 

COLÓN.- (como si estuviese en el bingo) ¡Línea!

FONSECA.- ¡Colón, vos estáis jugando con fuego!

 

SEGUNDO ACUSADOR.- Incendio doloso…cuatro años.

 

FERDINANDO.- ¿Cuánto hace en conjunto?

 

SEGUNDO ACUSADOR.- (Hace algunos extraños cálculos en la pizarra) ¡Noventa y siete años!

Se baja el telón.

 

 

 

Escena 7: El fin de Colón y del condenado.

Sobre el proscenio se adelantan Fonseca y el segundo acusador.

SEGUNDO ACUSADOR.- ¿Entonces Fonseca, Colón está en la cárcel? Mirad, yo sospecho hasta que es un brujo…

FONSECA.- ¡No digáis tonterías! los hechos demuestran que es el más grande navegante que ha tenido nunca el mundo…    (Por un lado entra Colón cojo y derrengado, apoyado en una muleta) …y mirad como lo ha tratado el mundo y aún queremos seguir acusándolo. Cerremos ya esta historia.

Salen lo dos.

COLÓN.- La historia ya ha terminado. En los últimos viajes he pillado todas las enfermedades de moda allá abajo, también las de monos y loros. He pedido ayuda al rey pero me han tratado a patadas. Yo también quería ser astuto en un mundo de astutos pero…

 

Entra el verdugo.

VERDUGO.- ¡Eh, no! Que se hace tarde. El espectáculo ha terminado. Tienen que cortarte la cabeza.

CONDENADO.- Es verdad, me había olvidado.

Se levanta el telón. Están todos los personajes en escena y un tronco con un hacha.

VERDUGO.- ¿Bueno? ¿Nos vamos?

MUJER.- Mira, lamentablemente no hay nada tener que hacer. La gracia no ha sido firmada.

 

CONDENADO.- Esto es porque he esperado a que me salvaran. La verdad es que en la vida es necesario aprender a resolver los problemas por uno mismo. Pero quiero dedicar mi último pensamiento a Colón.

Todos cantan.

Jamás se ha visto

tan gran marinero

como nuestro Colón

desde que el mundo es mundo.

Sin embargo era Colón

una cándida paloma

disfrazado de halcón,

vestido de astuto.

En el mar gran capitán, en tierra intrigante,

para ser astuto

jugaba con tanta fuerza que al primer despiste,

te lo han machacado.

y luego te lo han transformado

 a él, así de astuto y decidido,

en pobre creído,

como estaba previsto.

Quién está de la parte del más potente

no siempre tiene la mayor ventaja.

Si no eres cura no basta con parecerlo,

no basta el cantar en latín.

El verdadero astuto siempre es el hombre honesto,

no el oportunista.

es el hombre que a toda costa

siempre está de parte

de los pobres cristianos,

de los hombres justos.

 

Mientras el coro canta las últimas estrofas, el actor apoya la cabeza sobre el tronco, el verdugo levanta el hacha. Todos se arrodillan.

Oscuro.

 

 

 

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