Retrospectiva. La campaña de la OTAN sobre Kosovo – Noam Chomsky


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Calmado el asunto, debería ser posible abordar una revisión y un análisis relativamente desapasionados de la guerra de la OTAN en Kosovo. Se podría esperar que el asunto hubiese dominado el milenarismo de fin de año, considerando la respuesta abundante que la guerra provocó en los círculos intelectuales occidentales y la ola de autocomplacencia de tanta gente respetable aclamando la primera guerra en la historia batallada “en el nombre de principios y valores”, el primer paso audaz hacia una “nueva era” en la cual los “estados ilustrados” protegerán los derechos humanos de todos bajo la guía de un “Nuevo Mundo idealista decidido a terminar con la inhumanidad”, ahora liberado de los grilletes de arcaicos conceptos sobre el orden mundial. Pero recibió una escasa mención.

Una rara excepción fue el Wall Street Journal (WSJ), que dedicó su artículo principal del 31 de Diciembre a un análisis en profundidad de lo ocurrido. El titular decía: “La guerra de Kosovo fue cruel, encarnizada, salvaje; genocidio no fue”. La conclusión contrasta bastante con la propaganda durante la guerra. Una búsqueda en la base de datos de referencias a “genocidio” en Kosovo sólo durante la primera semana de bombardeos se interrumpía al alcanzar su límite de 1000 documentos.

Cuando las fuerzas de la OTAN entraron en Kosovo, se emprendieron tremendos esfuerzos para descubrir evidencias de crímenes de guerra, “modelo de rapidez y eficiencia”, para asegurar que ninguna evidencia se perdiera o pasara por alto. Esfuerzos “basados en lecciones aprendidas de los errores pasados” que reflejaban “una creciente atención internacional en atrapar a los responsables de crímenes de guerra”. Aún más, añaden los analistas, “probar la escala de los crímenes es también políticamente importante para la OTAN, para demostrar porqué fueron necesarios 78 días de ataques aéreos contra fuerzas e infraestructuras serbias”.

Esta lógica ampliamente aceptada es intrigante. Indiscutiblemente, los enormes crímenes tuvieron lugar después de que comenzaran los bombardeos: fueron no una causa sino una consecuencia. Requiere un considerable atrevimiento, por tanto, tomar los crímenes como justificación con efecto retroactivo de las acciones que contribuyeron a provocarlos.

Una “lección aprendida”, y rápidamente puesta en práctica, fue la necesidad de evitar una investigación seria de los crímenes en Timor Oriental. Aquí no hubo “modelo de rapidez y eficiencia”. A pesar de las súplicas de la misión de pacificación de la ONU, fueron enviados pocos forenses, y con cuatro meses de retraso, bastante después de que la estación de las lluvias borrase evidencias esenciales. La propia misión fue retrasada incluso después de que el país hubiese sido virtualmente destruido y la mayoría de su población expulsada. La diferencia no es difícil de comprender. En Timor Oriental los crímenes eran imputables directamente al terrorismo de estado que había sido apoyado por Occidente justo hasta el final de las atrocidades. Consecuentemente, temas como el disuadir y el exigir responsabilidades difícilmente pueden estar en la agenda. En contraposición, en Kosovo puede aducirse la evidencia de crímenes terribles para dar una justificación con efecto retroactivo de la guerra de la OTAN, sobre el interesante principio establecido por el sistema doctrinal.

A pesar de los intensivos esfuerzos, los resultados de “la obsesión por la fosa común”, como la llaman los analistas del WSJ, era decepcionantemente escasos. A pesar de “los enormes campos de exterminio que algunos investigadores esperaban… la norma ha sido la dispersión de los asesinatos”, una forma de “limpieza étnica descafeinada”. “La mayoría de las muertes e incendios sucedieron en áreas dónde el separatista Ejército de Liberación de Kosovo (ELK-UCK) había estado activo” o podía infiltrarse, informaron algunos investigadores pro derechos humanos, en un intento por “delimitar las áreas de apoyo al ELK-UCK, utilizando selectivamente amenazas, saqueos y asesinatos esporádicos”. Estas conclusiones ganan apoyo con la detallada revisión de la OSCE publicada en Diciembre, la cual “sugiere un fundamento de tipo militar para las expulsiones, las cuales estaban concentradas en las áreas controladas por los rebeldes y las probables rutas para una invasión”.

El análisis del WSJ concluye con que “la OTAN dio un paso más en sus afirmaciones sobre los ‘campos de exterminio’ serbios” cuando “vio que un débil sector de la prensa se inclinaba por la historia contraria: civiles asesinados por las bombas de la OTAN”. El portavoz de la OTAN Jamie Shea presentó “información” que podía ser rastreada hasta fuentes del ELK- UCK. El WSJ concluye con que muchos de los más espeluznantes y prominentemente reportajes publicados sobre atrocidades atribuidos a los refugiados y a otras fuentes eran falsos. Entretanto la OTAN buscaba negar sus propias atrocidades, por ejemplo, publicando un video falso “pasado al triple de su velocidad real” para simular que “la muerte de al menos catorce civiles a bordo de un tren sobre un puente en Serbia el pasado abril” era inevitable porque “el tren viajaba demasiado rápido para que la trayectoria de los misiles pudiese haber sido cambiada a tiempo”.

Los analistas del WSJ sin embargo llegan a la conclusión de que los “horribles” crímenes, incluyendo la enorme campaña de expulsión, “pueden ser suficientes para justificar” la campaña de bombardeos de la OTAN, sobre el principio de justificación con efecto retroactivo.

El estudio de la OSCE es la tercera fuente más importante en cuanto a los crímenes serbios. La primera es el caso del Departamento de Estado contra Milosevic y sus cómplices en Mayo; la segunda, su acusación formal poco después por el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra. Los dos documentos son muy parecidos, seguramente porque la “notablemente rápida acusación” por el Tribunal estaba basada en “espionaje y otras informaciones de EEUU/Reino Unido denegada durante largo tiempo al [Tribunal] por los gobiernos occidentales”. Pocos esperan que tal información sea revelada para un Tribunal de Crímenes de Guerra en Timor Oriental, en el improbable caso de que haya uno. El Departamento de Estado volvió a abrir el caso en Diciembre de 1999, con lo que se pretende que sea la justificación definitiva para el bombardeo, añadiendo cualquier información que pudiese obtenerse de los refugiados y de las investigaciones tras la guerra.

En los dos informes del Departamento de Estado y en la acusación del Tribunal, la cronología detallada se restringe, casi por completo, al periodo que siguió a la campaña de bombardeos iniciada el 24 de Marzo. Así, el informe final del Departamento de Estado de Diciembre de 1999 se refiere vagamente a “finales de Marzo” o “después de Marzo”, aparte de una única referencia a informaciones de refugiados sobre una ejecución el 23 de Marzo, el día de la declaración oficial de la OTAN de que las operaciones aéreas anunciadas el 22 de Marzo iban a empezar. La única excepción significativa es la masacre de 45 personas el 15 de Enero en Racak. Pero que no puede haber sido el motivo para el bombardeo, por dos razones suficientes: primero, los monitores de la OSCE y otros observadores internacionales (incluyendo la OTAN) informaron de que era un incidente aislado, que no tenía nada que ver con los meses posteriores hasta el bombardeo; volvemos a ese antecedente directamente. Y segundo, tales atrocidades preocupan poco a EEUU y sus aliados. Las evidencias sobre esta última conclusión es abrumadora, y fue confirmada una vez más poco después de la masacre de Racak, cuando las fuerzas indonesias y sus subordinados paramilitares asesinaron brutalmente a 50 o más personas que se habían refugiado del terror indonesio en una iglesia en el remoto pueblo timorés de Liquica. A diferencia de Racak, esta fue sólo una de las muchas masacres en Timor Oriental en aquella época, con una cifra de muertos mucho más allá de cualquiera de las atribuidas a Milosevic en Kosovo: entre 3 y 5 mil asesinados desde Enero de 1999, informaron fuentes fiables de la Iglesia el 6 de Agosto, aproximadamente el doble del número de asesinados en todo Kosovo en el año anterior al bombardeo, de acuerdo con la OTAN. El historiador John Taylor estima el número de muertos entre 5 y 6 mil desde Enero hasta el referéndum del 30 de Agosto.

Los EEUU y sus aliados reaccionaron a las masacres de Timor Oriental de la forma habitual: continuar proporcionando ayuda militar y de otras clases a los asesinos y manteniendo otros acuerdos militares, incluyendo ejercicios de entrenamiento conjuntos tan tarde como en Agosto, mientras que se insistía en que la seguridad en Timor Oriental “es responsabilidad del Gobierno de Indonesia, y no queremos quitarles esa responsabilidad”.

En resumen, el Departamento de Estado y el Tribunal no hacen esfuerzos serios para justificar la campaña de bombardeos o la retirada de los observadores de la OSCE el 20 de Marzo en preparación de la misma.

La investigación de la OSCE se aviene claramente a las acusaciones producidas por el Departamento de Estado y el Tribunal. Recoge “el esquema de las expulsiones y el enorme aumento de saqueos, asesinatos, violaciones, secuestros y pillaje una vez comenzó la guerra aérea de la OTAN el 24 de Marzo”. “El cambio de acontecimientos más visible sucedió después de que la OTAN lanzase sus primeros ataques aéreos” el 24 de Marzo, informa la OSCE. “Por un lado, la situación parecía haberse precipitado sin el control de ninguna autoridad, ya que el desorden reinaba en forma de asesinatos y saqueos de casas. Por el otro, la expulsión masiva de miles de residentes de la ciudad, los cuales principalmente tuvieron lugar en la última semana de Marzo y la primera de Abril, siguieron un cierto patrón y es concebible que fuese bien organizada con antelación”.

La palabra “concebible” es seguramente un eufemismo. Incluso sin evidencias documentales, apenas se puede dudar que Serbia tenía planes de contingencia para la expulsión de la población, y que sería probable ponerlos en marcha ante un bombardeo de la OTAN, bajo la perspectiva de una invasión directa. Se arguye comúnmente que el bombardeo está justificado por los planes de contingencia que fueron implementados en respuesta al bombardeo. Una vez más, la lógica es interesante. Adoptando el mismo principio, los ataques terroristas sobre objetivos norteamericanos estarían justificados si producen como respuesta un ataque nuclear, de acuerdo con planes de contingencia –los cuales existen- para un primer ataque, incluso preventivo contra estados no nucleares que han firmado el tratado de no proliferación. Un ataque iraní con misiles sobre Israel con una amenaza creíble de invasión se justificaría si Israel respondiera poniendo en práctica sus precisos planes de contingencia –los cuales presumiblemente existen- para expulsar a la población palestina.

La investigación de la OSCE informa además de que “una vez la OSCE-KVM (sus monitores) se marchó el 20 de Marzo de 1999 y en particular después del comienzo de los bombardeos de la OTAN sobre la Federación Yugoslava el 24 de Marzo, la policía serbia y/o el Ejército, a menudo acompañados por los paramilitares, fueron de pueblo en pueblo y, en las ciudades de área en área amenazando y expulsando a la población albano-kosovar. La partida de los monitores también precipitó un incremento de las emboscadas del ELK-UCK sobre los oficiales serbios, “provocando una fuerte reacción” por parte de la policía, una escalada desde “la atmósfera de pre-guerra, dónde las fuerzas serbias se enfrentaban a los rebeldes, que estaban raptando civiles serbios y emboscando oficiales de policía y soldados”.

Para comprender el recurso a la guerra de la OTAN, el periodo más importante es el de los meses que precedieron la decisión. Por supuesto, lo que la OTAN sabía sobre ese periodo es un tema de crucial significación para cualquier intento serio a la hora de evaluar la decisión de bombardear Yugoslavia sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Afortunadamente, ese es el periodo del cual tenemos la más detallada evidencia directa: particularmente, de los informes de los monitores KVM y otros observadores internacionales. Desafortunadamente, la investigación de la OSCE pasa por alto rápidamente estos meses, presentando pocas evidencias y concentrándose más bien en el periodo posterior a que los monitores fueran apartados. Una selección de informes del KVM está, sin embargo, disponible, junto con otros de la OTAN y observadores internacionales independientes. Éstos merecen un examen detallado.

El periodo relevante empieza en Diciembre, con la violación del alto el fuego que había permitido la vuelta de mucha gente desplazada por las luchas. A lo largo de estos meses, los monitores informaron que “las agencias humanitarias en general tienen acceso libre a todas las áreas de Kosovo”, con un hostigamiento ocasional de las fuerzas de seguridad serbias y los paramilitares del ELK, así que la información se supone que es bastante amplia.

Los “incidentes más serios” de los que informó el ICRC en diciembre son enfrentamientos a lo largo de la frontera de la Federación Yugoslava y Albania, y “lo que parecen ser los primeros ataques deliberados sobre sitios públicos en áreas urbanas”. Un informe de actualización de Naciones Unidas (24 de Diciembre) identifica éstos como un intento por parte de albaneses armados de entrar en Kosovo desde Albania, dejando a su paso al menos 36 hombres armados muertos, y el asesinato de 6 adolescentes serbios a manos de unos enmascarados en un tiroteo contra un café la ciudad mayoritariamente serbia de Pec. El siguiente incidente es el rapto y asesinato del concejal de Kosovo Polie, atribuido por OTAN al ELK-UCK. Después hay un informe de “secuestros atribuidos al ELK”. El informe del Secretario General de la ONU (24 de Diciembre) repasa la misma evidencia, citando la figura de 282 civiles y policías secuestrados por el ELK desde el 7 de Diciembre (cifras de la Federación Yugoslava). La imagen general es que después del alto al fuego de Octubre, “las unidades paramilitares albano-kosovares han tomado ventaja en ese periodo de calma dentro de la lucha para restablecer su control en muchas poblaciones en Kosovo, así como sobre algunas áreas cerca de centros urbanos y autopistas… llevando a la afirmación (por parte de las autoridades serbias) de que si [KVM] no puede controlar esas unidades el gobierno lo hará”.

La actualización de la agencia internacional de noticias de la ONU el 11 de Enero es similar. Informa de los combates entre las fuerzas de seguridad serbias y el ELK. Además, en “el incidente más serio desde la declaración del alto el fuego en Octubre de 1998, el periodo bajo revisión ha sido testigo de un incremento en el número de asesinatos (presuntamente perpetrados por el ELK), los cuales han incitado vigorosas represalias de las fuerzas de seguridad gubernamentales”. La “violencia fortuita” mató 21 personas en los 11 días anteriores. Sólo se cita un ejemplo: una bomba frente a “un café en Pristina, hirió a tres jóvenes serbios y fue el detonante de represalias de los civiles serbios sobre los albaneses”, el primer incidente semejante en la capital. Los otros principales incidentes citados son la captura de ocho soldados por el ELK, el asesinato de un civil serbio, y la noticia del asesinato de tres policías serbios. La revisión del periodo por la OTAN es similar, con detalles adicionales: bombardeo del Ejercito serbio sobre civiles y e instalaciones del UCK con “al menos 15 albano-kosovares” asesinados, muerte de jueces, policías y civiles serbios a manos del UCK, etc.

Después está la masacre de Racak del 15 de Enero, tras la cual los informes vuelven a lo anterior. El informe mensual de la OSCE del 20 de Febrero describe la situación como “volátil”. El “choque militar directo disminuyó significativamente” entre los serbios y el ELK, pero los ataques del ELK sobre la policía y los “tiroteos esporádicos” continuaron, “incluyendo a veces el uso de armas pesadas por el Ejercito serbio”. La “principal característica de la última parte del periodo en el informe ha sido un alarmante incremento en el terrorismo urbano con una serie de bombardeos indiscriminados o lluvia de balas sobre la población civil en lugares públicos de poblaciones de Kosovo”; éstos son “no-atribuibles”, o bien “criminal o políticamente motivados”. Entonces sigue un repaso de las confrontaciones policía-ELK, secuestro de “cinco civiles serbios de avanzada edad”, y rechazo del ELK y del Ejército serbio a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad. Cinco civiles fueron asesinados cuando la “violencia urbana creció significativamente”, incluyendo tres muertos por una bomba a la salida de una tienda de comestibles albanesa. “Se recibieron más informes acerca del ‘mantenimiento del orden’ sobre la comunidad albanesa por parte del ELK y de sus castigos a aquellos acusados de colaborar con los serbios “, además de la muerte y secuestro de supuestos colaboradores albaneses y policías serbios. El “ciclo de la confrontación puede ser descrito generalmente” como ataques del ELK sobre la policía serbia y la población civil, “una desproporcionada respuesta por las autoridades de la Federación Yugoslava”, y “actividad renovada del ELK en todas partes”.

En su informe mensual, el 17 de Marzo, el Secretario General de la ONU informa que las confrontaciones entre las fuerzas de seguridad serbias y el KLA “continuaron a un bajo nivel relativamente”, pero los civiles “crecientemente se convierten en los principales objetivos de actos violentos”, incluyendo asesinatos, ejecuciones, malos tratos y secuestros. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) “registró más de 65 muertes violentas” de civiles albaneses y serbios, y de varios gitanos, desde el 20 de Enero hasta el 17 de Marzo. Aparecen en los informes como asesinatos aislados de francotiradores y ataques con granadas sobre bares y tiendas. Las victimas incluían supuestos colaboradores albaneses y “civiles conocidos como liberales y flexibles en sus relaciones sociales”. Los secuestros continuaron, siendo las víctimas casi todas serbias y en su mayoría civiles. El informe de la OSCE del 20 de Marzo daba una imagen similar, informando de “ataques no provocados del KLA contra la policía” y un incremento de las víctimas entre las fuerzas de seguridad serbias, junto con “operaciones militares que afectan a la población civil”, “ataques terroristas indiscriminados en la ciudad contra civiles”, “muertes no atribuibles a nadie” mayoritariamente de albaneses, y secuestro de civiles albaneses, atribuidos a una “fuerza de seguridad controlada y centralizada” por el ELK. Después se detallan los incidentes concretos.

El último informe de la OTAN (del 16 de Enero hasta el 22 de Marzo) cita varias docenas de incidentes, la mitad iniciados por el ELK-UCK, la mitad por fuerzas de seguridad serbias, además de media docena de respuestas por parte de las fuerzas de seguridad serbias y enfrentamientos con el ELK, incluyendo “agresivos ataques serbios sobre pueblos sospechosos de cobijar fuerzas o centros de mando del UCK”. Se informó de que las víctimas eran la mayoría militares, en los niveles de los meses anteriores.

Como un modelo con el que comparar, podríamos considerar que las habituales asesinas y destructivas operaciones militares israelíes en Líbano apoyadas por EEUU cuando las fuerzas israelíes ocuparon el sur del Líbano violando las órdenes del Consejo de Seguridad, o las de sus mercenarios locales, son atacadas por la resistencia libanesa. A través de los 90, como antes, éstas han excedido con creces cualquier cosa atribuida a las fuerzas de seguridad de la Federación Yugoslava dentro lo que la OTAN insiste en que es su territorio.

Dentro de Kosovo, no se informó de cambios significativos desde la ruptura del alto el fuego en Diciembre hasta la decisión del 22 de Marzo de bombardear. Incluso aparte de la (aparente aislada) masacre de Racak, no hay duda de que las autoridades y fuerzas de seguridad yugoslavas eran responsables de crímenes serios. Pero los antecedentes de los que se informó tampoco dan credibilidad a la afirmación de que estas eran las razones para el bombardeo; en el caso de atrocidades comparables o mucho peores durante el mismo periodo, los EEUU y sus aliados tampoco reaccionaron, o –más significativamente- mantuvieron e incluso incrementaron su apoyo a las atrocidades. Los ejemplos son demasiado fáciles de nombrar, Timor Oriental en los mismos meses, para mencionar sólo el más obvio de ellos.

Las grandes expulsiones de Kosovo comenzaron inmediatamente después de la campaña de bombardeos iniciada el 24 de Marzo. El 27 de Marzo, el ACNUR informó que 4000 habían escapado de Kosovo, y que el 1 de Abril, el flujo era suficientemente grande para que el ACNUR empezase a proporcionar cifras día a día. Su Programa Humanitario de Evacuación comenzó el 5 de Abril. Desde la pasada semana de Marzo hasta el final de la guerra en Junio, “las fuerzas de la Federación Yugoslava y serbias expulsaron más de 863.000 albano- kosovares de Kosovo”, informa la OSCE, y cientos de miles de otros fueron internamente desplazados, mientras un número desconocido de serbios, gitanos y otros escaparon también.

Los EEUU y Reino Unido habían estado planeando la campaña de bombardeos durante muchos meses, y difícilmente podían haber fallado en anticipar las consecuencias. A principios de Marzo, el primer ministro italiano Massimo D’Alema advirtió a Clinton del enorme flujo de refugiados que seguiría al bombardeo; la asesora de Seguridad Nacional de Clinton Sandy Berger respondió que en ese caso “la OTAN continuaría el bombardeo”, con resultados todavía más espantosos. La inteligencia norteamericana también advirtió de que habría “una explosión de refugiados” y una campaña de limpieza étnica, reiterando las anteriores predicciones de los monitores europeos.

Al comenzar la campaña de bombardeos, el comandante general de las tropas norteamericanas- OTAN Wesley Clark informó a la prensa que era “enteramente previsible” que el terror serbio se intensificase como consecuencia. Poco después, Clark clarificó otra vez que “las autoridades militares anticiparon totalmente la cruel estrategia que Milosevic adoptaría, así como también la terrible eficiencia con la cual la llevaría a cabo”. Elucubrando lo que pasaría algunas semanas más tarde, él comentó que la operación de la OTAN planeada por “los dirigentes políticos… no fue diseñada como una forma de detener la limpieza étnica serbia. No fue diseñada como una manera de librar una guerra contra los serbios y sus fuerzas militares policiales en Kosovo. De ninguna manera. No hubo nunca ningún intento de hacer eso. Esa no era la idea”. El general Clark manifestó además que los planes para la Operación Herradura “nunca han sido compartidos conmigo”, en referencia al supuesto plan serbio para expulsar a la población, que fue difundida por la OTAN después de que la traumática reacción serbia al bombardeo se hubiese hecho evidente.

La agencia que tiene la principal responsabilidad para el cuidado de refugiados es ACNUR. “Al final de la guerra, el Primer Ministro británico Tony Blair reprendió en privado a la agencia por lo que él consideró un funcionamiento problemático”. Evidentemente, el funcionamiento de ACNUR habría sido menos problemático si la agencia no hubiera sido dejada sin fondos por las grandes potencias. Por esta razón, el ACNUR tuvo que recortar personal más de un 15 por ciento en 1998. En octubre, mientras los planes del bombardeo estaban siendo formulados, el ACNUR anunciaba que tendría que eliminar una quinta parte del personal restante en Enero de 1999 por la crisis presupuestaria creada por los “estados ilustrados”.

En resumen, los monitores del KVM fueron apartados y una campaña de bombardeos comenzó con la expectativa, rápidamente cumplida, de que la consecuencia sería una fuerte escalada de la limpieza étnica y otras atrocidades, después de que la organización responsable del cuidado de refugiados fuese dejada sin fondos. Bajo la doctrina de justificación retrospectiva, los horribles crímenes que sobrevinieron son ahora presentados como, quizás, “suficientes para justificar” la campaña de bombardeos de la OTAN.

La persona que comete un crimen carga con la principal responsabilidad por el mismo; aquellos que le incitan, anticipando las consecuencias, llevan una responsabilidad secundaria, lo cual sólo se agrava si actúan de manera que aumente el sufrimiento de las víctimas. El único argumento posible para la acción que incita a los crímenes es que hubieran sido aún más severos en el caso de no haberse actuado. Esa exigencia, una de las más notables en la historia del apoyo del crimen de estado, requiere evidencias sustanciales. En el caso presente, uno buscará evidencias en vano –e incluso el reconocimiento que tales evidencias requieren.

Supongamos, no obstante, que tomamos en serio el argumento. Pierde fuerza descaradamente hasta el punto de que los subsiguientes crímenes son algo estupendo. Si ninguno de los albano- kosovares habían sufrido como resultado de la campaña de bombardeos de la OTAN, entonces la decisión de bombardear podría estar justificada sobre la base de que se impedirían los crímenes en contra de ellos. La fuerza del argumento disminuye tanto como aumenta la escala de los crímenes. Es, por consiguiente, más bien curioso que los que apoyan el bombardeo busquen pintar el peor cuadro posible de los crímenes en los cuales comparten responsabilidad; debería ser el caso contrario. La extraña postura probablemente refleja el éxito en inculcar la doctrina de que los crímenes incitados por el bombardeo de la OTAN proporciona una justificación retrospectiva para ella.

Éste, en absoluto es el único gran logro de la dirección doctrinal. Otro es el debate sobre la supuesta “doble moral” de la OTAN, revelado por su “apartar la vista” de otras crisis humanitarias, o “hacer demasiado poco” para prevenirlas. Los participantes en el debate deben acordar que la OTAN fue guiada por principios humanitarios en Kosovo — precisamente la pregunta en disputa. Aparte de eso, la administración Clinton “apartó la vista” o “hizo demasiado poco” frente a las atrocidades en Timor Oriental, o Colombia, o muchos otros lugares. Más bien, junto con sus aliados, escogió incrementar las atrocidades, a menudo vigorosamente y decisivamente. Quizá el caso de Turquía -dentro de OTAN y bajo la jurisdicción europea- es lo más relevante en la presente conexión. Sus operaciones de limpieza étnica y otros crímenes, enormes en proporción, fueron efectuados con un flujo enorme de ayuda militar de la administración Clinton, que aumentó a la par que las atrocidades. También han virtualmente desaparecido de historia. No hubo mención a ellos en la reunión del 50 aniversario de la OTAN en abril de 1999, celebrada bajo la sombra de la limpieza étnica -un crimen que no puede ser tolerado, declararon participantes y comentaristas, cerca de los bordes de OTAN; sólo dentro de sus bordes, dónde los crímenes van a ser agilizados. Con raras excepciones, la prensa ha mantenido una actitud de disculpa, aunque la participación de Fuerzas Armadas turcas en la campaña Kosovo fue altamente reconocida. El más reciente debate sobre los problemas de “intervención humanitaria” evade el papel crucial estadounidense en las atrocidades de los turcos, o ignora el tema completamente.

Es un logro raro para un sistema de propaganda el haber asumido sus doctrinas como propias presuposiciones en el debate. Éstas están entre las “lecciones aprendidas”, para ser aplicados en ejercicios futuros enmascarados tras el objetivo humanitario.

Hasta cierto nivel, seguramente, se reconoce el disparate de la justificación retrospectiva. Por consiguiente muchos intentos de justificar el bombardeo de la OTAN siguen una línea diferente. Una versión típica dice que “Serbia invadió Kosovo para aplastar un movimiento separatista albanés pero mató 10.000 civiles y expulsó a 700.000 personas hacia Macedonia y Albania. Entonces, la OTAN atacó a Serbia desde el aire para proteger a los albaneses de una limpieza étnica [ pero] mató centenares de civiles serbios y produjo un éxodo de decenas de miles de ellos desde las ciudades al campo”. Si asumimos este orden de los acontecimientos se podría armar una base racional que justifique el bombardeo, pero, sin ningún tipo de dudas, el orden real es exactamente el opuesto.

El dispositivo es de uso habitual en los medios y los especialistas con frecuencia adoptan una postura similar. El historiador David Fromkin, en su libro ampliamente elogiado sobre la guerra, afirma sin argumentos que los EEUU y sus aliados actuaron únicamente por “altruismo” y “fervor moral”, forjando “un enfoque novedoso sobre el uso de la fuerza en política internacional” al “reaccionar a la deportación de más de un millón de kosovares de su patria” con el bombardeo, para salvarlos de “horribles sufrimientos o la muerte”. Se está refiriendo a aquellos expulsados como consecuencia anticipada de la campaña de bombardeos. Al abrir su defensa legal de la guerra, la profesora en leyes, Ruth Wedgwood asume sin argumentos, que el objetivo del bombardeo de la OTAN fue “detener la expulsión de los albaneses de Kosovo” a manos de Belgrado; esto es, la expulsión precipitada por el bombardeo, un objetivo desconocido y enérgicamente negado por el comandante militar de la operación.

El especialista en asuntos exteriores y seguridad Alan Kuperman escribe que en Timor Oriental y Kosovo “la amenaza de sanciones económicas o de bombardeo provocó una trágica reacción violenta” y que “la intervención occidental llegó demasiado tarde para prevenir atrocidades masivas”. En Kosovo el bombardeo no llegó “demasiado tarde para prevenir atrocidades masivas” mas bien las precedió y tal como fue anticipado, las incitó. En Timor Oriental, ninguna acción occidental “provocó una reacción violenta”. No se propuso el uso de la fuerza e incluso se retrasó la amenaza de sanciones hasta después de que se consumaran las atrocidades. La “intervención” la realizó una fuerza de paz de la ONU que ingresó en el territorio administrado por Portugal en principio bajo jurisdicción de la ONU, después de que las potencias occidentales finalmente retiraran su apoyo directo a la invasión de Indonesia y sus masivas atrocidades, causando la rápida retirada de su ejército.

Tal revisión del registro de los hechos ha sido un procedimiento habitual durante todo este tiempo. En una peculiar versión anterior, el especialista en política exterior del New York Times (NYT) Thomas Friedman, escribió al final de la guerra que “al comenzar la expulsión de los refugiados, ignorar a Kosovo hubiera sido un error…. por lo tanto el uso de un “enorme poder de fuego aéreo” en pos de un objetivo concreto era la única opción lógica. El desalojo de los refugiados al que él se refiere siguió al uso del “enorme poder de fuego aéreo” tal como se anticipó. De nuevo la inversión que ya nos es familiar, comprensible ya que sin ella la defensa de la violencia de estado se vuelve verdaderamente dificultosa.

Una justificación retrospectiva usualmente empleada es que el uso de la fuerza hizo posible el retorno de los albano-kosovares a sus hogares; un logro significativo si ignoramos el hecho que casi todos fueron expulsados como reacción a los bombardeos. Según éste razonamiento, una alternativa preferible, grotesca pero algo menos que el plan de acción que se siguió, hubiera sido esperar a que los serbios consumaran la supuesta amenaza y si lo hacían, bombardear la República Federal Yugoslava (RFY) para asegurar el retorno de los kosovares, que hubieran sufrido bastante menos daño que al huir bajo los bombardeos de la OTAN.

Una variante interesante aparece en la introducción al libro de documentos sobre Kosovo editado por el profesor en leyes Marc Weller de la Universidad de Cambridge. Él reconoce que el bombardeo de la OTAN, al que apoyó enérgicamente, es una clara violación del derecho internacional y podría justificarse solamente sobre la base de un supuesto “derecho a la intervención humanitaria”. Esta justificación a su vez, se basa en el supuesto que el rechazo de la RFY a “aceptar un detallado acuerdo sobre el tema de Kosovo [ el ultimátum de Rambouillet] constituiría una circunstancia que desencadenaría una descomunal emergencia humanitaria. Pero los sucesos en el terreno “disculparon” a la OTAN de tener que contestar este punto”, escribe:
particularmente “el inicio de una campaña de deportación masiva previamente planificada de lo que pareció en algún momento ser la totalidad de la población de la etnia albanesa de Kosovo justo antes del comienzo de los bombardeos”.

Hay dos problemas con este planteamiento. Primero, el registro documental, incluyendo el libro que el editó, no brinda ninguna evidencia en apoyo de este crucial argumento y de hecho lo niega (dada la falta de evidencia a pesar de los importantes esfuerzos para sacarla a luz). Segundo, aún en el caso que se hubiera descubierto a posteriori que la expulsión comenzó antes de los bombardeos, esto difícilmente podría justificar el empleo de la fuerza, por simple lógica. Además, como fue ya discutido, aún si el inicio de la expulsión se hubiera conocido antes del bombardeo (aunque misteriosamente esto falta en la evidencia documental) hubiera sido altamente preferible permitir que la expulsión se llevara a cabo y entonces iniciar el bombardeo que llevaría al retorno de aquellos deportados: grotesco pero en bastante menor grado que lo finalmente decidido. Sin embargo, a la luz de las evidencias disponibles, todo esto es una discusión académica, que simplemente muestra los desesperados esfuerzos para justificar la guerra.

¿Es que existían opciones menos grotescas en Marzo de 1999? El peso de la prueba está obviamente del lado de aquellos que optaron por la violencia de estado, un gran peso que no ha tenido intentos serios de ser levantado. Pero dejemos esto de lado y miremos al abanico de opciones disponibles.

Una pregunta importante, hecha por Eric Rouleau es si “las atrocidades serbias habían llegado a proporciones tales que obligaban a romper el proceso diplomático con el fin de salvar a los kosovares de un genocidio”. Anota que “la continua negativa de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea (OSCE) a difundir el informe [ sobre las observaciones de los monitores de la Misión de Verificación de Kosovo (KVM) desde noviembre hasta su retirada] solamente alimenta las dudas sobre la veracidad de tal alegato. Como se dijo antes, los autos de procesamiento del Departamento de Estado y el Tribunal no brindan ningún apoyo significativo a tal alegato, lo cual no es un hecho insignificante puesto que ambos buscaron desarrollar el caso más contundente. ¿Qué hay entonces del informe de la OSCE, difundido después del artículo de Rouleau? Como ya fue comentado, el informe no hace ningún esfuerzo serio para apoyar tal argumento, de hecho brinda poca información acerca del período crucial. Sus referencias confirman de hecho el testimonio de Jacques Prod´home, miembro francés del KVM citado por Rouleau, de que “en el mes previo a la guerra, durante el cual se movió libremente en la región de Pec, ni él ni sus colegas vieron nada que pudiera ser descrito como persecución sistemática, crímenes colectivos o individuales, incendio de casas o deportaciones.” Los detallados informes del KVM y otros observadores omitidos en la revisión de la OSCE socavan aún más el alegato, como ya hemos dicho.

El argumento central, componente clave del caso de la OTAN tal como reconocen aún sus más fervientes defensores, Weller por ejemplo, permanece sin apoyo. Una vez más debe subrayarse que el mayor peso de la prueba está del lado de aquellos que lo emplearon para justificar el uso de la fuerza. La discordancia entre lo que se requiere y la evidencia presentada es “impresionante”, si bien el término “contradicción” sería mas adecuado, en particular cuando se consideran otras evidencias pertinentes, como el testimonio directo del comandante militar, General Clark.

Kosovo había sido un lugar extremadamente desagradable durante el año previo. Cerca de 2,000 personas murieron asesinadas según la OTAN, la mayoría albaneses, en el curso de una lucha encarnizada que comenzó en Febrero con acciones del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) que los EEUU denunciaron como “terrorismo”, y una brutal respuesta Serbia. En el verano el KLA controlaba cerca del 40% de la provincia, desencadenando una cruenta reacción de las fuerzas de seguridad serbias y de paramilitares dirigida a la población civil. De acuerdo con el consejero legal de los albano-kosovares Marc Weller, “en pocos días [ después de la retirada de los monitores el 20 de Marzo] , el número de desplazados se incrementó hasta 200,000”, números que concuerdan grosso modo con los de la inteligencia norteamericana.

Supongan que los monitores no hubieran sido retirados en la preparación del bombardeo y que se hubieran proseguido los esfuerzos diplomáticos. ¿Eran éstas opciones factibles? ¿Hubieran conducido a un a un peor desenlace, o incluso a uno mejor?. Ya que la OTAN se negó a explorar esta posibilidad, no lo sabemos. Pero al menos podemos considerar los hechos conocidos y preguntarnos lo que sugieren.

¿Podían los monitores de la KVM haber permanecido, incluso haber aumentado su presencia? Parece posible, particularmente a la luz de la condena inmediata a la retirada realizada por la Asamblea Nacional Serbia. No se ha argumentado que el incremento de las atrocidades después de su retirada se hubiera producido incluso si se hubieran quedado y mucho menos que la masiva escalada fue la consecuencia prevista del bombardeo marcado por la partida de los mismos. La OTAN también puso poco esfuerzo en utilizar otros medios pacíficos; incluso un embargo de petróleo, la base de cualquier régimen de sanciones serio, no fue considerado sino hasta después del bombardeo.

Sin embargo, la cuestión más importante, tiene que ver con las opciones diplomáticas. En la víspera del bombardeo había dos propuestas sobre la mesa. Una era el acuerdo de Rambouillet, presentado a Serbia como un ultimátum. La segunda era la posición Serbia, formulada en el “Borrador del Acuerdo Revisado” del 15 de Marzo y la Resolución de la Asamblea Nacional Serbia del 23 de marzo. Una preocupación seria por proteger a los kosovares bien podría haber puesto en consideración también otras opciones, incluso tal vez, algo parecido a la propuesta del presidente Serbio de Yugoslavia, Dobrica Cosic, de 1992-93 que proponía la partición de Kosovo y su separación de Serbia, con la excepción “de una cantidad de enclaves Serbios”. En su momento, la propuesta fue rechazada por la República de Kosovo de Ibrahim Rugova que había declarado la independencia y formado un gobierno paralelo; pero podría haber sido de utilidad como base de una negociación en las circunstancias diferentes de comienzos de 1999. Quedémonos entonces con las dos posiciones oficiales al final de marzo: el ultimátum de Rambouillet y la Resolución Serbia.

Es importante y a la vez revelador que, con excepciones marginales, los contenidos esenciales de ambas posiciones fueron mantenidos fuera del alcance de la opinión pública, aparte de medios disidentes que llegan a poca gente.

La Resolución de la Asamblea Nacional Serbia, si bien reportada enseguida por los servicios cablegráficos, ha permanecido prácticamente como un secreto. Ha habido escasos indicios incluso de su existencia, y menos aún de su contenido. La Resolución condena el retiro de los monitores de la OSCE y hace un llamado a la ONU y la OSCE para permitir un acuerdo diplomático a través de negociaciones “hacia la concreción de un acuerdo político basado en una amplia autonomía para [ Kosovo] , asegurando la completa igualdad de todos los ciudadanos y comunidades étnicas y el respeto a la soberanía e integridad territorial de la República de Serbia y la República Federal de Yugoslavia.” Abre la posibilidad de una “presencia internacional” de “tamaño y características” a determinar a los efectos de llevar a cabo el “acuerdo político sobre la autodeterminación acordada y aceptada por los representantes de todas las comunidades nacionales que viven en [ Kosovo] .” La conformidad de la RFY para “discutir el alcance y el carácter de la presencia internacional en [ Kosovo] para aplicar el acuerdo a ser aceptado en Rambouillet” había sido transmitida formalmente a los negociadores el 23 de Febrero, y anunciada por la RFY en conferencia de prensa el mismo día. Si esas propuestas tenían alguna sustancia no lo podemos saber puesto que nunca fueron consideradas y permanecen desconocidas.

Es quizás más llamativo aún que el ultimátum de Rambouillet, descrito universalmente como la propuesta de paz, fue ocultado a la opinión pública, en particular las cláusulas aparentemente introducidas en los últimos momentos de las conversaciones de París en Marzo, después que Serbia manifestara su acuerdo con las principales propuestas políticas, garantizando así su rechazo. De singular importancia son los términos de los Apéndices de aplicación que otorgaban a la OTAN el derecho de “entrada libre y sin restricciones y acceso autorizado a todo lo largo de la RFY incluyendo el espacio aéreo y las aguas territoriales,” sin límites, obligaciones ni ataduras respecto a las leyes del país o la jurisdicción de sus autoridades, quienes, sin embargo, deberán seguir las órdenes de la OTAN “con la mayor prioridad y todos los medios apropiados” (Apéndice B).

El Anexo fue ocultado a los periodistas que cubrían las conversaciones de Rambouillet y París, informa Robert Fisk. “Los serbios dicen que lo denunciaron en su última conferencia de prensa en París, un encuentro pobremente cubierto en la embajada Yugoslava a las 11de la noche el 18 de Marzo.” Los disidentes serbios que participaron en las negociaciones sostienen que tales condiciones les fueron entregadas el último día de las conversaciones de París, y los rusos no sabían de su existencia. Estas cláusulas no estuvieron a disposición de los miembros de la Casa de los Comunes Británica hasta el 1 de Abril, el primer día del receso parlamentario, una semana después del inicio del bombardeo.

En las negociaciones que comenzaron después del bombardeo, la OTAN abandonó completamente estas demandas junto con otras a las cuales Serbia se había opuesto, y no existe ninguna mención a ellas en el acuerdo final de paz. Sin que le falte razón, Fisk pregunta: ¿Cuál era el propósito real de la exigencia de última hora de la OTAN? ¿Era un caballo de Troya? ¿Para salvaguardar la paz? ¿O para sabotearla? En cualquier caso, si los negociadores de la OTAN hubieran estado preocupados por el destino de los albano-kosovares, deberían haber intentado determinar si la diplomacia podía tener éxito retirando las demandas más provocativas y obviamente irrelevantes de la OTAN, aumentando el vigilancia, y no terminándola; y amenazando con el uso de sanciones significativas.

Cuando se han formulado tales preguntas, los líderes de los equipos negociadores de los EEUU y Gran Bretaña han alegado que estaban dispuestos a retirar las demandas exorbitantes que luego dejaron de lado, pero que los serbios se negaron. El alegato es difícilmente creíble. Hubieran tenido toda la razón del mundo de hacer públicos esos hechos de inmediato. Es interesante que ellos no fueron llamados a responder por este asombroso desempeño.

Destacados partidarios del bombardeo han empleado alegatos similares. Un importante ejemplo es el comentario sobre Rambouillet realizado por Marc Weller. Éste ridiculiza los “alegatos extravagantes” sobre los Apéndices de aplicación, los cuales dice “fueron publicados junto con el acuerdo,” esto es el Borrador del Acuerdo fechado el 23 de marzo. Donde fueron publicados no lo dice, ni explica porqué los periodistas que cubrían las conversaciones de Rambouillet y París los desconocían; ni tal parece, el parlamento Británico. El “famoso Apéndice B”, afirma, establecía “los términos habituales de un acuerdo de fuerzas para la KFOR (las fuerzas de ocupación de la OTAN).” No explica porqué tal exigencia fue retirada después que empezara el bombardeo, y evidentemente no lo necesitan las fuerzas que entraron en Kosovo bajo mando de la OTAN en Junio, y que son mucho más grandes que las contempladas en Rambouillet y por tanto deberían ser aún más dependientes del acuerdo de fuerzas. También queda sin explicar la respuesta de la RFY del 15 de marzo al Borrador del Acuerdo del 23 de febrero. La respuesta de la FRY analiza el Borrador de Acuerdo con gran detalle, sección por sección, proponiendo extensos cambios y supresiones a lo largo del mismo, pero sin hacer ninguna referencia a los apéndices- los acuerdos de aplicación, que tal como Weller enfatiza, eran con mucho la parte más importante y el tema de las negociaciones de París que tenían lugar en ese momento. La única forma de ver esta descripción es con escepticismo, incluso dejando fuera su actitud descuidada hacia el hecho crucial, ya apuntada, y sus claros cometidos. De momento, estos importantes asuntos permanecen sepultados en la oscuridad.

A pesar de los esfuerzos oficiales para prevenir el conocimiento público de lo que estaba sucediendo, los documentos estaban disponibles para cualquier medio noticioso que se decidiese a profundizar en el asunto. En los EEUU, la demanda extrema (y claramente irrelevante) de una práctica ocupación de la RFY por parte de la OTAN recibió su primer mención en una conferencia de prensa de la OTAN el 26 de abril, cuando se hizo un pregunta al respecto, pero fue rápidamente desechada y no profundizada. Los hechos fueron informados cuando las demandas fueron formalmente retiradas y se volvieron irrelevantes con relación a una opción democrática. Inmediatamente después del anuncio de los acuerdos de paz el 3 de junio, la prensa citó los pasajes críticos del “tómelo o déjelo” del ultimátum de Rambouillet, anotando que “una fuerza únicamente de la OTAN iba a tener permiso completo para ir a cualquier parte de Yugoslavia donde quisiera, inmune a cualquier proceso legal,” y que “fuerzas lideradas por la OTAN hubieran tenido prácticamente acceso libre por toda Yugoslavia, no solamente Kosovo.” Durante los 78 días de los bombardeos las negociaciones continuaron, cada lado haciendo compromisos -descritos en los EEUU como fraude serbio, o capitulación bajo las bombas. El acuerdo de paz del 3 de junio fue un compromiso entre las dos posiciones sobre la mesa a finales de marzo. La OTAN abandonó sus exigencias más extremas, incluyendo aquellas que aparentemente minaron las negociaciones en el último minuto y el texto que se interpretó como un llamado a referéndum sobre la independencia. Serbia aceptó a la “presencia de una fuerza de seguridad internacional con participación prominente de la OTAN”, la única mención a la OTAN en el acuerdo de paz o la Resolución 1244 confirmatoria del Consejo de Seguridad. La OTAN no tenía la intención de ajustarse a los pedazos de papel que había firmado e inmediatamente actuó violándolos, aplicando una ocupación militar de Kosovo bajo su mando. Cuando Serbia y Rusia insistieron en el cumplimiento de los acuerdos formales, fueron castigados por su fraude, y el bombardeo fue renovado para hacerlos entrar en vereda. El 7 de junio, los aviones de la OTAN bombardearon de nuevo las refinerías de petróleo en Novi Sad y Pancebo, centros de oposición a Milosevic. La refinería de Pancebo se prendió fuego liberando una gran nube de gases tóxicos, mostrada en una foto de un artículo del NYT del 14 de julio que discutía los severos efectos sobre la economía y la salud. No se informó del bombardeo aunque fue cubierto por los servicios cablegráficos.

Se ha argumentado que de haberse llegado al mismo en marzo, Milosevic hubiera intentado evadir los términos de un acuerdo. Los antecedentes apoyan fuertemente esta conclusión así como apoyan la misma conclusión acerca de lo que hubiese hecho la OTAN – no sólo en este caso, incidentalmente; el desmantelamiento por la fuerza de los acuerdos firmados es la norma por parte de las grandes potencias. Tal como ahora se reconoce tardíamente, los antecedentes también sugieren que “habría sido posible [ en marzo] iniciar una verdadera ronda de negociaciones- no el desastroso dictado Americano presentado a Milosevic en la conferencia de Rambouillet – e introducir un gran contingente de observadores externos capaces de proteger a civiles albaneses y serbios por igual.

Al menos todo esto parece claro. La OTAN prefirió rechazar las opciones diplomáticas que no estaban agotadas y lanzar una campaña militar que tuvo terribles consecuencias para los albano- kosovares, tal como se esperaba. Otras consecuencias preocupan poco a occidente, incluyendo la destrucción de la economía civil Serbia por operaciones militares violando en forma flagrante las leyes de la guerra. Si bien este asunto fue presentado al Tribunal de los Crímenes de Guerra tiempo atrás, es difícil imaginar que será seriamente considerado. Por similares razones, es poco probable que el Tribunal preste atención a las 150 páginas del “Sumario de la Operación Tormenta: Un caso prima facie”, que revisa los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas croatas que expulsaron 200.000 serbios de Krajina en agosto de 1995, con participación crucial de los EEUU y que produjo “prácticamente una falta total de interés en la prensa y el Congreso de los EEUU,” observa David Binder, corresponsal del NYT en los Balcanes.

El sufrimiento de los kosovares no concluyó con la llegada de la fuerza de ocupación de la OTAN (KFOR) y la misión de la ONU. A pesar de los billones de dólares que estuvieron rápidamente disponibles para el bombardeo, siendo octubre, los EEUU “aun no han pagado uno solo de los 37.9 millones de dólares estimados para cubrir los gastos de la puesta en funcionamiento de la operación civil de la ONU en Kosovo”; tal como en Timor Oriental, donde la administración Clinton solicitó una reducción de la pequeña fuerza de paz. Cerca de noviembre, “la Oficina para la Asistencia a Desastres en el Exterior de los EEUU aún no había distribuido ningún kit de trabajo pesado y estaba únicamente entregando trastos viejos” por el programa de protección contra el invierno en Kosovo; la ACNUR y la agencia humanitaria de la UE, ECHO han insistido en sus críticas por las demoras y la falta de previsión”. Las actuales necesidades de la misión de la ONU cuestan “el precio de medio día de bombardeos”, dijo un amargado funcionario de la ONU y sin tal ayuda, “este lugar fracasará”, para el regocijo de Milosevic. Una conferencia de donantes llevada a cabo por los gobiernos occidentales prometió sólo 88 millones de dólares para cubrir el presupuesto de la misión de la ONU en Kosovo y ofreció para el próximo año 1 billón de dólares en ayuda para la reconstrucción – fondos públicos que serán transferidos a las arcas de los contratistas privados, si se llega a una solución de las controversias dentro de la OTAN sobre como se distribuirán los contratos. A mediados de diciembre la misión de la ONU suplicó nuevamente con poco éxito, por fondos para maestros, la policía, funcionarios y otros empleados públicos.

A pesar de la limitada ayuda, el atractivo de un desastre que puede ser atribuido al enemigo oficial y explotado (en forma curiosa) “para demostrar porqué 78 días de ataques aéreos contra las fuerzas y la infraestructura serbia eran necesarios” ha sido suficiente para introducir cortes severos en la ayuda en otros lugares. El senado de los EEUU está proyectando un corte en decenas de millones de dólares de los programas relacionados con Africa. Dinamarca ha cortado la ayuda fuera de Kosovo en un 26%. El Cuerpo Médico Internacional está suspendiendo su programa en Angola, ya que mientras recaudaron 5 millones de dólares para Kosovo, han buscado en vano 1.5 millones de dólares para Angola, donde 1.6 millones de desplazados se enfrentan a la muerte por inanición. El Programa Mundial de Alimentación anunció que deberá recortar sus programas que atienden a 2 millones de refugiados en Sierra Leona, Liberia y Guinea, al haber obtenido menos del 20% de los fondos solicitados. La misma suerte espera a 4 millones de personas que sufren hambruna en la región africana de los Grandes Lagos -cuyas circunstancias no están desvinculadas durante muchos años de las acciones de las potencias occidentales, así como de la negativa a actuar en momentos críticos. El ACNUR gasta 11 veces más por refugiado en Kosovo que en Africa. “Los centenares de millones de dólares gastados en los refugiados de Kosovo y el amontonamiento entre las agencias deseosas de gastarlos fue casi una obscenidad”, dijo Randolph Kent,” quien dejó los programas de la ONU en los Balcanes por el trabajo en Africa Oriental. El presidente Clinton mantuvo una reunión con las agencias de ayuda más importantes “para destacar su propio entusiasmo en apoyar a Kosovo”

Todo esto sucede va contra del trasfondo de importantes reducciones de la ayuda en los EEUU, en “la cima de su gloria” (Fromkin), con sus dirigentes complacidos de adulación por su “altruismo” sin precedentes históricos, al tiempo que prácticamente desaparecen de la lista de donantes para los pobres y miserables.

El informe de la OSCE brinda una detallada documentación de los crímenes cometidos bajo la ocupación militar de la OTAN. Si bien no se comparan con aquellos cometidos por Serbia bajo el bombardeo de la OTAN, no son insignificantes. La provincia ocupada se encuentra bajo “la falta de legalidad que ha dejado una violencia incontrolada” mucha de la cual es atribuida al ELK-UCK, indica la OSCE, mientras la “impunidad” ha prevalecido sobre la justicia. Los albaneses opositores al “nuevo orden” bajo el dominio del UCK, incluidos los dirigentes del “principal rival político de este grupo rebelde” han sido secuestrados, asesinados, atacados con granadas, amedrentados y obligados a abandonar la política. La selección del informe de la OSCE aparecida en el NYT se refiere a la ciudad de Prizren cerca de la frontera albanesa, atacada por los serbios el 28 de marzo, pero “el resultado global es que mucho más daño ha sido causado …..después de la guerra que durante ella.” La policía militar británica informa de la participación de la mafia albanesa en ataques con granadas y otros actos criminales como el asesinato de ancianas por “hombres autoidentificados como representantes del ELK.”

La minoría serbia ha sido en su mayor parte expulsada. Robert Fisk informa que “el número de serbios asesinados en los 5 meses desde la guerra se acerca al de albaneses asesinados a manos serbias en los 5 meses previos al inicio del bombardeo por la OTAN en marzo,” tal como indica la evidencia disponible; recordar que la ONU informó de “65 muertes violentas” de civiles (principalmente albaneses y serbios) en los 2 meses previos a la retirada de los monitores y el bombardeo. Los crímenes no son investigados, ni siquiera el asesinato de un empleado serbio del Tribunal Internacional. La comunidad croata “huyó en masa” en octubre. En noviembre, “el presidente de la pequeña comunidad judía en Pristina, Cedra Prlincevic huyó a Belgrado después de denunciar “un pogromo contra la población no-albanesa.” Amnistía Internacional informó al finalizar el año que la “violencia contra serbios, gitanos, eslavos musulmanes y albaneses moderados en Kosovo ha crecido dramáticamente durante el mes pasado”, incluyendo “asesinatos, secuestros, ataques violentos, intimidación e incendio de casas a diario,” del mismo modo que la tortura y las violaciones, y los ataques a los medios y organizaciones políticas independientes en lo que parece ser “una campaña orquestada para silenciar las voces moderadas en la sociedad de etnia albanesa,” todo esto ante los ojos de las fuerzas de la OTAN.

Los oficiales de la KFOR informan que sus órdenes son pasar por alto los crímenes: “Por supuesto que es una locura,” dijo un comandante francés, “pero esas son las órdenes de la OTAN, desde arriba.” Las fuerzas de la OTAN asimismo “parecen completamente indiferentes” a los ataques de “bandas armadas de etnia albanesa” que cruzan la frontera entre Serbia y Kosovo “para aterrorizar aldeas fronterizas, robar madera o ganado y, en algunos casos, para asesinar,” produciendo el abandono de estos pueblos.

Actualmente, todo indica que Kosovo bajo la ocupación de la OTAN se ha transformado en el sitio que fue a principios de 1980, después de la muerte de Tito, cuando fuerzas nacionalistas se movilizaron para crear “una república Albanesa étnicamente pura”, tomando tierras de los serbios, atacando iglesias, y participando en “premeditados actos de violencia” para lograr el objetivo de una región albanesa “étnicamente pura” , con “episodios de violación, incendio, robo y sabotaje industrial aparentemente pensados para enviar a los indígenas eslavos que permanecían en Kosovo … fuera de la provincia.” Este problema “en apariencia ingobernable”, otra fase en una terrible historia de violencia intercomunitaria, condujo a una respuesta particularmente brutal de Milosevic, despojando a Kosovo de su autonomía y de los importantes subsidios federales de los cuales dependía, imponiendo un régimen de “Apartheid”. Kosovo comenzó a parecerse a Bosnia, “un antro de ladrones y evasores de impuestos” sin una economía operativa, dominado por “una adinerada clase criminal que ejerce una enorme influencia política y que se apodera anualmente de cientos de millones de dólares de los impuestos.” Lo peor puede estar por venir cuando la lucha por la independencia para Kosovo viene intrincada con presiones por una “gran Albania”, de sombríos presagios.

Los países pobres de la región han sufrido enormes pérdidas por el bloqueo del Danubio causado por el bombardeo de Novi Sad, otro centro de oposición a Milosevic. Estos ya venían sufriendo de las barreras proteccionistas que “impiden que los barcos lleven sus productos a la UE,” lo mismo que “una barrera de cuotas y tarifas occidentales sobre sus exportaciones.” Pero el “bloqueo del [ Danubio] es realmente un regalo para Europa Occidental, particularmente Alemania, que se beneficia del incremento de su actividad en el Rhin y en los puertos sobre el Atlántico.

Hay también otros ganadores. Al final de la guerra, la prensa económica declaró como “los verdaderos ganadores” a la industria militar occidental, refiriéndose principalmente a la industria de tecnologías punta. Moscú está esperando “un gran año para las exportaciones de armas rusas” ya que “el mundo se está rearmando aprensivamente gracias sobre todo a la aventura balcánica de la OTAN”, buscando una disuasión, tal como fue ampliamente previsto durante la guerra. Aún más importante, los EEUU fueron capaces de imponer su dominio sobre la región estratégica de los Balcanes, desplazando, al menos temporalmente, las iniciativas de la UE, una causa primaria de la insistencia que la operación estuviera en manos de la OTAN, una subsidiaria de los EEUU. Una Serbia venida a menos se mantiene como la última que no está de acuerdo, probablemente no por mucho tiempo.

Una consecuencia adicional es un golpe a los frágiles principios del orden mundial. La acción de la OTAN representa una amenaza para “el corazón del sistema de seguridad internacional” fundado por la Carta de las Naciones Unidas, observa el Secretario General Kofi Annan en su informe anual a la ONU en septiembre. Esto importa poco a los ricos y poderosos, que actúan a voluntad, rechazando decisiones de la Corte Internacional de Justicia y vetando resoluciones del Consejo de Seguridad cuando es necesario; es útil recordar que, contrariamente a lo que habitualmente se cree, los EEUU han sido por lejos los que han vetado más resoluciones del Consejo de Seguridad en una gran gama de temas, incluyendo terrorismo y agresión, desde que perdieron el control de la ONU en el curso de la descolonización, con Gran Bretaña como segundo, seguidos de lejos por Francia como tercero. Las víctimas habituales, sin embargo, se toman estos asuntos más seriamente como demuestra la reacción global a la guerra en Kosovo.

El punto esencial -para nada oscuro- es que el mundo enfrenta dos opciones con relación al empleo de la fuerza: 1) algo parecido a un orden mundial, ya sea la Carta o incluso algo mejor si puede ganar cierto grado de legitimidad; o 2) los estados poderosos hacen lo que quieran a menos que sufran restricciones internas, guiados por intereses de poder y ganancias, como en el pasado. Tiene mucho sentido luchar por un mundo mejor, pero no complacerse con en pretensiones e ilusiones sobre el mundo en que vivimos.

Los archivos y otras fuentes de información brindarán mucha más información sobre la última guerra en los Balcanes. Cualquier conclusión a la que se llegue hoy, será como máximo tentativa y parcial. Por lo pronto, sin embargo, las “lecciones aprendidas” no parecen ser particularmente atractivas.

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